Abuela

Ya se fue la musa dormida.
Se fueron sus abrazos.
Arden sus manos envejecidas.
¿Dónde fueron sus pasos?

Se aferró a la barra,
trepó hasta el filo.
Allí, se dejó matar
entre dolor y delirio.

La vi perder
una vez más,
¡tú!, muerte cruel,
me la arrancas.

La abuela, la dulce abuela, la tierna abuela, la cansada abuela, siempre
sacando fuerzas de flaqueza para cuidarnos, la que nos lleva el café a la
mesa, este que ahora se ha quedado frió.
 

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