joblam
Poeta que considera el portal su segunda casa
El eco de una voz tristona resuena el bronce menguado
del vetusto campanario. Hacen coro los murmullos
en letanía, ayes agudos vestidos de amargo llanto
con trajes de oscuridad y corazones sin tañidos.
Los pasos lentos silentes dejan huellas en los pedruscos.
Las nubes, harta preñez, esconden la luz del sol.
Cuesta arriba, a los andantes, los baña con sus destellos
y van dejando los rastros de pies descalzos exhaustos.
Tres mujeres entrelazadas calzan caretas de aflicción.
El séquito sin premura, con el lastre sobre los hombros
danza indetenible al vaivén de semicorcheas sin contexto.
Norte, Sur, Este, Oeste. Incolora Rosa de los Vientos.
Traspasan el umbral de hierro y ocho avezadas manos,
con dogales desvencijados le dan rienda al silencio.
Un aletear de pañuelos blancos, vuelo de pétalos lozanos
con flores de otro tiempo y puños llenos de cieno.
Un mustio epílogo con manantial de salobres efluvios.
Un vespertino grisáceo deja bajar los retazos
llevando de compañero, entre el amargo del cedro,
al enjuto rostro escondido hacia el sendero de sueños.
del vetusto campanario. Hacen coro los murmullos
en letanía, ayes agudos vestidos de amargo llanto
con trajes de oscuridad y corazones sin tañidos.
Los pasos lentos silentes dejan huellas en los pedruscos.
Las nubes, harta preñez, esconden la luz del sol.
Cuesta arriba, a los andantes, los baña con sus destellos
y van dejando los rastros de pies descalzos exhaustos.
Tres mujeres entrelazadas calzan caretas de aflicción.
El séquito sin premura, con el lastre sobre los hombros
danza indetenible al vaivén de semicorcheas sin contexto.
Norte, Sur, Este, Oeste. Incolora Rosa de los Vientos.
Traspasan el umbral de hierro y ocho avezadas manos,
con dogales desvencijados le dan rienda al silencio.
Un aletear de pañuelos blancos, vuelo de pétalos lozanos
con flores de otro tiempo y puños llenos de cieno.
Un mustio epílogo con manantial de salobres efluvios.
Un vespertino grisáceo deja bajar los retazos
llevando de compañero, entre el amargo del cedro,
al enjuto rostro escondido hacia el sendero de sueños.
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