Ad Mortis

Erfeme

Poeta recién llegado
Era tan tibio el abrazo...
Encuentro confundido entre rosas
que pétalo a pétalo desprendían
el aroma de tu sangre
regada...

¿Ha sido una mentira?
Y sin embargo estaba mezclado
el espacio con verdades partidas
en cuartetos de réquiems
y en sonetos de perdición.

Una grieta llenaba de luz
el inaudible grito de mi alma.

¡Porque te quiero a morir!
Y en mis sonrisas encuentro siempre
el reflejo de tu corazón
en una razón cubierta de
sinceridad.

El eco era tan repetitivo,
tu voz se ha perdido
en el vacío que llenaba
tu rostro entre
la mortífera esencia de maldad
que tu corazón infectaba
en mis ratos de sueño.

Violentamente arrancabas un beso
mientras mis ojos se arrojaban
al oscuro, al pérfido deseo
que siempre amé y quise
dentro de mi esencia mezclada
con horror.

La sangre se congelará esta noche
y tomando nuestras vidas
abandonaremos desgraciadamente
la esperanza que mantenía
nuestros cuerpos cálidos.

Perturbado... era un sentimiento
lleno de incongruencia.

La distancia marcó la pauta
de mi locura entre tus dedos
y con el silencio roto
por un desgarrador llanto
yo besé tu cuello...
y tome posesión de tus sensaciones.

Acelerados los latidos...

Contuviste una apariencia
y te desplomaste entre mis caricias.

¿Había buscado un principio interminable?
Mis días se oscurecían entre el claro
de tus ojos al andar de la noche.

Tomé tu mano tiernamente
y lleno de la serenidad triste
enterré tus esperanzas entre
la árida tierra de Maestitia.

Amé tu muerte tan lenta
que yo mismo deseaba descansar
entre tus brazos...
 

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