claudiorbatisti
claudiorbatisti
Cabellos de oro, crespos anudados,
entre la verde fronda, blancas flores,
una angélica cara y sus fulgores
parecen dos luceros atrapados.
Sus ojos zalameros, aleonados,
y el cantar de jocundos ruiseñores,
inquieta, se encontraba entre mil flores
entregada al amor, de hermosos hados.
En el jardín la conocí sonriente,
fue un amor de imposible encarnadura,
adamantino sueño iridiscente.
Ilesa virginidad, casta y pura,
me motivan buscar su lado hiriente
y la encuentro rezando con el cura.
claudiorbatisti