Emanaba el aire de su boca
en un suspiro que nunca llegaré a recordar,
me decían sus labios cansados
"te quiero y no te puedo dejar"...
Se veía en su vejez indiscutible
una pizca suave de vitalidad,
que se deshizo en sus labios blanquecinos
como la sal se deshece en el mar.
La Esmeralda
en un suspiro que nunca llegaré a recordar,
me decían sus labios cansados
"te quiero y no te puedo dejar"...
Se veía en su vejez indiscutible
una pizca suave de vitalidad,
que se deshizo en sus labios blanquecinos
como la sal se deshece en el mar.
La Esmeralda