Adiós

Jorge Mosquera

Poeta recién llegado
Adiós



Siempre pensé que el adiós estaba lejos,
ni siquiera se asomaba por nuestro horizonte,
se sentía tan inaccesible, tan desconocido,
como si no existiese tal cosa,
como si la eternidad estuviese de nuestro lado.

Siempre pensé que el adiós jamás se posaría en mis labios,
que mi voz jamás pronunciaría tan fatal expresión.
Sentía que era improbable decir tal atrocidad,
era como si nunca hubiese aprendido a deletrearla,
como si la hubiesen borrado de mi voz.

Siempre pensé que lo nuestro era para siempre,
para toda la vida, para la inmortalidad.
Se sentían tan fuertes los lazos que nos unían,
como si nada ni nadie pudiese romperlos.
Creí que lo nuestro era para siempre porque sentía dos corazones latiendo al unísono.

Siempre pensé que tu mirada no dolería,
que tu sonrisa no me entristecería, que en mis ojos por ti no llovería.
Estaba tan seguro de que me querías,
que nunca pensé en alejarme de ti un segundo,
mucho menos alejarme para toda la vida.

Hoy me he dado cuenta de que todo lo que sentía era falso,
todo aquello en lo que creí no era más que teatro.
Actuaciones falsas, tal vez de ambos lados,
porque resultó ser que somos de mundos diferentes,
que estando cerca se sienten tan lejanos.

Traté de encontrar un espacio en tu corazón,
sentí que era posible, en un par de ocasiones me pareció haberlo encontrado.
Pero no logré que así fuera,
mi paso por tu vida fue efímero,
fue como pasar a tu lado sin que tú te dieras cuenta.

¿Cuántas veces me dijiste lo importante que yo era?
Muy pocas; y sin embargo sentí que eran suficientes para seguir enamorado.
Hoy me di cuenta de que importante no fui,
fue mi inútil persistencia lo que te hizo creer que me querías,
lo que me hizo creer que mi cariño para ti tenía algún significado.

Infructuoso, entonces, fue mi cariño.
Lo único que logré queriéndote tanto fue dejar a mi corazón desgastado.
Siempre pensé que el adiós estaba lejos,
que decirlo dolería demasiado,
que dejaría en mis ojos un eterno llanto.

Hoy lo digo y es cierto,
decirte adiós duele demasiado.
Y si bien lo digo, aún teniendo el corazón hecho pedazos,
lo digo porque es necesario,
porque nunca te importé, y en demasía yo te amé.
 
Adiós



Siempre pensé que el adiós estaba lejos,
ni siquiera se asomaba por nuestro horizonte,
se sentía tan inaccesible, tan desconocido,
como si no existiese tal cosa,
como si la eternidad estuviese de nuestro lado.

Siempre pensé que el adiós jamás se posaría en mis labios,
que mi voz jamás pronunciaría tan fatal expresión.
Sentía que era improbable decir tal atrocidad,
era como si nunca hubiese aprendido a deletrearla,
como si la hubiesen borrado de mi voz.

Siempre pensé que lo nuestro era para siempre,
para toda la vida, para la inmortalidad.
Se sentían tan fuertes los lazos que nos unían,
como si nada ni nadie pudiese romperlos.
Creí que lo nuestro era para siempre porque sentía dos corazones latiendo al unísono.

Siempre pensé que tu mirada no dolería,
que tu sonrisa no me entristecería, que en mis ojos por ti no llovería.
Estaba tan seguro de que me querías,
que nunca pensé en alejarme de ti un segundo,
mucho menos alejarme para toda la vida.

Hoy me he dado cuenta de que todo lo que sentía era falso,
todo aquello en lo que creí no era más que teatro.
Actuaciones falsas, tal vez de ambos lados,
porque resultó ser que somos de mundos diferentes,
que estando cerca se sienten tan lejanos.

Traté de encontrar un espacio en tu corazón,
sentí que era posible, en un par de ocasiones me pareció haberlo encontrado.
Pero no logré que así fuera,
mi paso por tu vida fue efímero,
fue como pasar a tu lado sin que tú te dieras cuenta.

¿Cuántas veces me dijiste lo importante que yo era?
Muy pocas; y sin embargo sentí que eran suficientes para seguir enamorado.
Hoy me di cuenta de que importante no fui,
fue mi inútil persistencia lo que te hizo creer que me querías,
lo que me hizo creer que mi cariño para ti tenía algún significado.

Infructuoso, entonces, fue mi cariño.
Lo único que logré queriéndote tanto fue dejar a mi corazón desgastado.
Siempre pensé que el adiós estaba lejos,
que decirlo dolería demasiado,
que dejaría en mis ojos un eterno llanto.

Hoy lo digo y es cierto,
decirte adiós duele demasiado.
Y si bien lo digo, aún teniendo el corazón hecho pedazos,
lo digo porque es necesario,
porque nunca te importé, y en demasía yo te amé.

tristes despedida en letras amigo muy dolorosa, saludos
 
Gracias Marian por haberme leído. Sí, sin duda una triste despedida; y más aún cuando decimos adiós a quien amamos tanto. Muchos saludos, y ya estaré paseandome por tus escritos. Abrazos!
 

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