Roman Vieira
El cuervo rojo que te observa en silencio.
Adoración.
Lleváis en vuestros labios dulce néctar,
la tentación surgida por besarte,
y en este deseo, tesón de amarte...
La dulce rendición de amor perfecta.
Volvéis mi mundo entero en fértil tierra,
lugar de mis pasiones adyacentes,
y en mi pecho, de amores florecientes,
tu cuerpo se me antoja enredadera.
Eres entonces reluciente noche,
dama perfecta de mis ojos tristes,
y es en este, mi beso sin derroche
Que mis labios imploran, no rechistes.
¡Hubo entonces más besos sin reproche!,
cuerpos entrelazados que hoy persisten.
Lleváis en vuestros labios dulce néctar,
la tentación surgida por besarte,
y en este deseo, tesón de amarte...
La dulce rendición de amor perfecta.
Volvéis mi mundo entero en fértil tierra,
lugar de mis pasiones adyacentes,
y en mi pecho, de amores florecientes,
tu cuerpo se me antoja enredadera.
Eres entonces reluciente noche,
dama perfecta de mis ojos tristes,
y es en este, mi beso sin derroche
Que mis labios imploran, no rechistes.
¡Hubo entonces más besos sin reproche!,
cuerpos entrelazados que hoy persisten.