Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
Tengo el agrado de presentar este trabajo realizado con un gran poeta de esta casa el sr. Juan Ignacio Clavero quien escribe en negro en esta ocasión y un servidor quien interviene en azul
Sobre el pecho, llevó sus blancas manos,
aradas por el tiempo y la tristeza,
y en sus densos labores cotidianos,
ensilla el cavilar de su cabeza.
Reflejo de sentires y emociones
que lucha tempestuosa del tirano
dejo-se entre sus tantas ilusiones
yaciendo ajada historia de su mano.
Quien la viera llorar desconsolada ,
quien supiera mirar sin juzgamiento
pudiera comprender que derrotada,
el alma se le escapa en el aliento.
Si tantas hay penurias del pasado
que el tiempo, su enemigo, no perece,
su vida es un segundo inolvidado
que cual eternidades le acontece.
Pavor del ángel, sueño que perdido
mantiene rota el alma en el delirio,
de haber querido tanto aquel olvido
y sufre estando sola en su martirio.
Vacuidad, solitud tan infinita
que musita su amargo en lejanías,
abismos de tristeza donde habita
el correr redundante de los días.
Se marchita su flor en agua rancia
y callado el espejo enmohecido,
ha olvidado mirarla con prestancia
aumentando al dolor lo deslucido.
Es mujer que perdida en alma mora
que añora tanta vida no vivida
henchida de una pena que, raptora,
aflora la tristeza de su herida.
Sobre el pecho, llevó sus blancas manos,
aradas por el tiempo y la tristeza,
y en sus densos labores cotidianos,
ensilla el cavilar de su cabeza.
Reflejo de sentires y emociones
que lucha tempestuosa del tirano
dejo-se entre sus tantas ilusiones
yaciendo ajada historia de su mano.
Quien la viera llorar desconsolada ,
quien supiera mirar sin juzgamiento
pudiera comprender que derrotada,
el alma se le escapa en el aliento.
Si tantas hay penurias del pasado
que el tiempo, su enemigo, no perece,
su vida es un segundo inolvidado
que cual eternidades le acontece.
Pavor del ángel, sueño que perdido
mantiene rota el alma en el delirio,
de haber querido tanto aquel olvido
y sufre estando sola en su martirio.
Vacuidad, solitud tan infinita
que musita su amargo en lejanías,
abismos de tristeza donde habita
el correr redundante de los días.
Se marchita su flor en agua rancia
y callado el espejo enmohecido,
ha olvidado mirarla con prestancia
aumentando al dolor lo deslucido.
Es mujer que perdida en alma mora
que añora tanta vida no vivida
henchida de una pena que, raptora,
aflora la tristeza de su herida.