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Agonía de la ciudad

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AGONÍA DE LA CIUDAD


Como en ciertas noches heladas
el aire reverbera y palidece sobre mi cuerpo
desierto.
Vibra y muere.
Siento el aliento del llanto,
las lágrimas indecisas de las flores,
el latido de la vida que se niega a resurgir
entre mis piedras.
Me llega el azote de mi última consumación
no deseada.

Cómo se agrupa mi deseo en las formas voluptosas
que son cánticos entre mis sábanas.
Cúpulas de carne tibia,
suaves brocados de la piel y sus humores.
Tramos de eternidad y su sustancia de silencios.
Me hago última luz en la penumbra que circunnavega tus ojos,
quiero llegar al lugar donde tejiste tu alma
como continuidad de la mía.

Desde tiempos horizontales,
desde mis manos abiertas,
riego con caricias de cartón piedra
las plácidas curvaturas de los lomos del chacal.
Me desvanezco en el éxtasis del perfume de palmeras,
de la infinitud que crece en mis pensamientos mínimos,
de los extraños ojos almacenados en las piedras
que contemplan los secretos de la noche.

Barro y púas conjugan los suplicios que me esperan,
oh río que me trajiste aquí,
tan lejos del mar, tan ajeno a mi sustancia.
Túrbidos son tus torrentes,
como ojos de pájaros confundidos en su vuelo
como peces sin recuerdo,
como soles que se apagan.

Ahora, en el desierto final,
se me destruyen las ciudades y sus centros,
se desbordan las calles buscando
aquellos antiguos reflejos
de las carrozas doradas.
Buscan la palabra olvidada de los profetas
que anunciaron estas nuevas,
quieren, como máquinas atroces, cotejarlas
con las anunciadas por los muecines después del atardecer.

Desde sus luminosos centros
se me destruyen las ciudades
y me traen sus últimos estertores
hasta el magnánimo desierto.




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Ilust.: Circus, by Nicolas Francoeur. Desde Pinterest.
 
AGONÍA DE LA CIUDAD


Como en ciertas noches heladas
el aire reverbera y palidece sobre mi cuerpo
desierto.
Vibra y muere.
Siento el aliento del llanto,
las lágrimas indecisas de las flores,
el latido de la vida que se niega a resurgir
entre mis piedras.
Me llega el azote de mi última consumación
no deseada.

Cómo se agrupa mi deseo en las formas voluptosas
que son cánticos entre mis sábanas.
Cúpulas de carne tibia,
suaves brocados de la piel y sus humores.
Tramos de eternidad y su sustancia de silencios.
Me hago última luz en la penumbra que circunnavega tus ojos,
quiero llegar al lugar donde tejiste tu alma
como continuidad de la mía.

Desde tiempos horizontales,
desde mis manos abiertas,
riego con caricias de cartón piedra
las plácidas curvaturas de los lomos del chacal.
Me desvanezco en el éxtasis del perfume de palmeras,
de la infinitud que crece en mis pensamientos mínimos,
de los extraños ojos almacenados en las piedras
que contemplan los secretos de la noche.

Barro y púas conjugan los suplicios que me esperan,
oh río que me trajiste aquí,
tan lejos del mar, tan ajeno a mi sustancia.
Túrbidos son tus torrentes,
como ojos de pájaros confundidos en su vuelo
como peces sin recuerdo,
como soles que se apagan.

Ahora, en el desierto final,
se me destruyen las ciudades y sus centros,
se desbordan las calles buscando
aquellos antiguos reflejos
de las carrozas doradas.
Buscan la palabra olvidada de los profetas
que anunciaron estas nuevas,
quieren, como máquinas atroces, cotejarlas
con las anunciadas por los muecines después del atardecer.

Desde sus luminosos centros
se me destruyen las ciudades
y me traen sus últimos estertores
hasta el magnánimo desierto.




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Ilust.: Circus, by Nicolas Francoeur. Desde Pinterest.

Wuau!! cuanta belleza se refleja en ese desasosiego de los versos, una preciosa obra es su poema que admiro y aplaudo. enhorabuena amigo Miguel. Un saludo, que pase una muy buena semana.
 
AGONÍA DE LA CIUDAD


Como en ciertas noches heladas
el aire reverbera y palidece sobre mi cuerpo
desierto.
Vibra y muere.
Siento el aliento del llanto,
las lágrimas indecisas de las flores,
el latido de la vida que se niega a resurgir
entre mis piedras.
Me llega el azote de mi última consumación
no deseada.

Cómo se agrupa mi deseo en las formas voluptosas
que son cánticos entre mis sábanas.
Cúpulas de carne tibia,
suaves brocados de la piel y sus humores.
Tramos de eternidad y su sustancia de silencios.
Me hago última luz en la penumbra que circunnavega tus ojos,
quiero llegar al lugar donde tejiste tu alma
como continuidad de la mía.

Desde tiempos horizontales,
desde mis manos abiertas,
riego con caricias de cartón piedra
las plácidas curvaturas de los lomos del chacal.
Me desvanezco en el éxtasis del perfume de palmeras,
de la infinitud que crece en mis pensamientos mínimos,
de los extraños ojos almacenados en las piedras
que contemplan los secretos de la noche.

Barro y púas conjugan los suplicios que me esperan,
oh río que me trajiste aquí,
tan lejos del mar, tan ajeno a mi sustancia.
Túrbidos son tus torrentes,
como ojos de pájaros confundidos en su vuelo
como peces sin recuerdo,
como soles que se apagan.

Ahora, en el desierto final,
se me destruyen las ciudades y sus centros,
se desbordan las calles buscando
aquellos antiguos reflejos
de las carrozas doradas.
Buscan la palabra olvidada de los profetas
que anunciaron estas nuevas,
quieren, como máquinas atroces, cotejarlas
con las anunciadas por los muecines después del atardecer.

Desde sus luminosos centros
se me destruyen las ciudades
y me traen sus últimos estertores
hasta el magnánimo desierto.




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Ilust.: Circus, by Nicolas Francoeur. Desde Pinterest.


Vas desde el recuerdo vívido del éxtasis del placer, paulatinamente hacia el epílogo de la ciudad, como un sistema que cae.
Los tiempos del poema son magníficos, son tiempos con climas propios, y el vocabulario es una maravilla, como el que habita en todas tus obras.
Fue un placer pasar por tu espacio.
Saludos cordiales :)
 
AGONÍA DE LA CIUDAD


Como en ciertas noches heladas
el aire reverbera y palidece sobre mi cuerpo
desierto.
Vibra y muere.
Siento el aliento del llanto,
las lágrimas indecisas de las flores,
el latido de la vida que se niega a resurgir
entre mis piedras.
Me llega el azote de mi última consumación
no deseada.

Cómo se agrupa mi deseo en las formas voluptosas
que son cánticos entre mis sábanas.
Cúpulas de carne tibia,
suaves brocados de la piel y sus humores.
Tramos de eternidad y su sustancia de silencios.
Me hago última luz en la penumbra que circunnavega tus ojos,
quiero llegar al lugar donde tejiste tu alma
como continuidad de la mía.

Desde tiempos horizontales,
desde mis manos abiertas,
riego con caricias de cartón piedra
las plácidas curvaturas de los lomos del chacal.
Me desvanezco en el éxtasis del perfume de palmeras,
de la infinitud que crece en mis pensamientos mínimos,
de los extraños ojos almacenados en las piedras
que contemplan los secretos de la noche.

Barro y púas conjugan los suplicios que me esperan,
oh río que me trajiste aquí,
tan lejos del mar, tan ajeno a mi sustancia.
Túrbidos son tus torrentes,
como ojos de pájaros confundidos en su vuelo
como peces sin recuerdo,
como soles que se apagan.

Ahora, en el desierto final,
se me destruyen las ciudades y sus centros,
se desbordan las calles buscando
aquellos antiguos reflejos
de las carrozas doradas.
Buscan la palabra olvidada de los profetas
que anunciaron estas nuevas,
quieren, como máquinas atroces, cotejarlas
con las anunciadas por los muecines después del atardecer.

Desde sus luminosos centros
se me destruyen las ciudades
y me traen sus últimos estertores
hasta el magnánimo desierto.




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Ilust.: Circus, by Nicolas Francoeur. Desde Pinterest.
Establecer un tiempo, arrastrarse en el y cuidarlo aun se
magnifique ese borrado. y en la alegoria se busque esa
rupturapara destruir esas formas desbordante.
sinuosa imagen que sube y baja en una mente que magnifica
esa materia de busquedas. excelente. saludos de luzyabsenta
 
Hola, Carlos, querido maestro. Mi agradecimiento por tus palabras que demoran y justifican la lectura de mis versos. Bellas y oportunas palabras para dar apoyo a las mías, escritas al albur de confusos sentimientos. Muchas gracias y, como siempre mi afectuoso saludo.
miguel
 
que son cánticos entre mis sábanas.
Cúpulas de carne tibia,
Grande, llamarle cúpulas a campanas que tañen y que a veces echan chispas.

1374943824_extras_ladillos_1_0.jpg


Pero soy yo o no hablas de la agonía de la ciudad y sin embargo tan bien la ilustras con la imagen de no sé quien que a mí me evoca la estética de Blade Runner muy del tipo "neo noir" oscuro, lluvioso y cálido. Anda que no he recitado yo sin ir a cuento mí frase preferida:

"He visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión...He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser...Todos esos momentos se perderán... en el tiempo, como lágrimas...en la lluvia..."
Pura poesía enlatada en celuloide.

Creo que es la primera vez que me atrevo a daros un [Me gusta] pero de esos con amor en to la jeta. Agonía "en" la ciudad, dices. Yo siempre haciendo amigos...
 
Me gusta que te guste y me otorgues un "me gusta" que gustosamente acepto. No me llegan muchos, a pesar de todo. Con gusto te informo acerca del autor de la ilustración, Nicolas Francoeur: ni puta idea, oyes. Saqué el "santo" (1) de Pinterest y me gustó, qué cosas. También me recordó a Blade Runner y a la estética de las ciudades post-atómicas de los filmes o penículas tipo Batman y así. Ahora, que si quieres disfrutar con la estética futurista, limpia y sin catástrofes, te recomiendo el belga Francois Schuiten; tiene un lápiz que acojona. Te dejo una muestra de una ilustración sobre París en el futuro.
(1) ¿En tu pueblo no les llamábais "santos" a las ilustraciones de los libros? En el mío sí; y si un libro no tenía, o tenía pocos "santos", pues era muy aburrido.

01429_058_048dfc91.jpg


Y como ésta, todas las que quieras. O esta otra, que fue la que me lo descubrió hace algunos años...

Les-Cite%CC%81s-Obscures-1988-La-route-dArmilia-Peeters-Schuiten-13.jpg


Un prodigio, vamos.
Vale; a cenar.
 
belga Francois Schuiten; tiene un lápiz que acojona
Si que acojona, si, Francois Schuiten el dibujante del vértigo y el salto al vacío. Vaya descubrimiento y encima colorido.
y si un libro no tenía, o tenía pocos "santos", pues era muy aburrido.
Yo aun recuerdo los santos de los libros de Julio Verne y de los grabados oníricos del Quijote.
Cenaremos a las once.
 
AGONÍA DE LA CIUDAD


Como en ciertas noches heladas
el aire reverbera y palidece sobre mi cuerpo
desierto.
Vibra y muere.
Siento el aliento del llanto,
las lágrimas indecisas de las flores,
el latido de la vida que se niega a resurgir
entre mis piedras.
Me llega el azote de mi última consumación
no deseada.

Cómo se agrupa mi deseo en las formas voluptosas
que son cánticos entre mis sábanas.
Cúpulas de carne tibia,
suaves brocados de la piel y sus humores.
Tramos de eternidad y su sustancia de silencios.
Me hago última luz en la penumbra que circunnavega tus ojos,
quiero llegar al lugar donde tejiste tu alma
como continuidad de la mía.

Desde tiempos horizontales,
desde mis manos abiertas,
riego con caricias de cartón piedra
las plácidas curvaturas de los lomos del chacal.
Me desvanezco en el éxtasis del perfume de palmeras,
de la infinitud que crece en mis pensamientos mínimos,
de los extraños ojos almacenados en las piedras
que contemplan los secretos de la noche.

Barro y púas conjugan los suplicios que me esperan,
oh río que me trajiste aquí,
tan lejos del mar, tan ajeno a mi sustancia.
Túrbidos son tus torrentes,
como ojos de pájaros confundidos en su vuelo
como peces sin recuerdo,
como soles que se apagan.

Ahora, en el desierto final,
se me destruyen las ciudades y sus centros,
se desbordan las calles buscando
aquellos antiguos reflejos
de las carrozas doradas.
Buscan la palabra olvidada de los profetas
que anunciaron estas nuevas,
quieren, como máquinas atroces, cotejarlas
con las anunciadas por los muecines después del atardecer.

Desde sus luminosos centros
se me destruyen las ciudades
y me traen sus últimos estertores
hasta el magnánimo desierto.




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Ilust.: Circus, by Nicolas Francoeur. Desde Pinterest.
Alguien me dijo ama el caos, de ahí viene tu libertad


Grato leerte
 

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