Alex Courant
Poeta adicto al portal
Agua dulce del río, mientras pasa viajero,
tienes entre tus manos estrías de esta historia
cuando el calor del cielo es simple pasajero
y a la rosa humedeces, en su vientre, con gloria.
Como hoz queda mi boca hablándole a la tierra,
mascullándole al trigo que desierta está la hora
que debajo del pecho, con el amor en guerra,
de palabra a palabra se siembra y también llora.
Y se abre mi destino tantas veces herido,
suele al tiempo esperar como se arde la llama.
Amor involuntario eres como un latido
de este corazón triste, que grita, que aún le ama.
Y me hundo entre feroces fieras y con su ceño,
turbio el sol lagrimea sobre él su fango y lodo
y me dice: el amor sólo parece un sueño,
tan ausente de nada, tan carente de todo.
Hay que reïnventarlo, vendérselo a algún diablo,
a la ciega costumbre y a su mundano acerbo,
de su muerte y su vida escribir un vocablo
que el necio corazón, de nuevo, lo hará verbo.
tienes entre tus manos estrías de esta historia
cuando el calor del cielo es simple pasajero
y a la rosa humedeces, en su vientre, con gloria.
Como hoz queda mi boca hablándole a la tierra,
mascullándole al trigo que desierta está la hora
que debajo del pecho, con el amor en guerra,
de palabra a palabra se siembra y también llora.
Y se abre mi destino tantas veces herido,
suele al tiempo esperar como se arde la llama.
Amor involuntario eres como un latido
de este corazón triste, que grita, que aún le ama.
Y me hundo entre feroces fieras y con su ceño,
turbio el sol lagrimea sobre él su fango y lodo
y me dice: el amor sólo parece un sueño,
tan ausente de nada, tan carente de todo.
Hay que reïnventarlo, vendérselo a algún diablo,
a la ciega costumbre y a su mundano acerbo,
de su muerte y su vida escribir un vocablo
que el necio corazón, de nuevo, lo hará verbo.