Daniel Martínez Bauzá
Poeta recién llegado
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tu desbán...
Y quedar raídos mis bolsillos.
El manchar
de toda la humedad
se come nuestro nido.
Mas que al menos
quede lleno
el apetito
de mi grito
al dar...
la pincelada que tape el cristal,
la vocerada que ahuyente al sonar
y que reviente el oído del mal.
Abroché
mi razón
al cohete que se fue a la luna.
No pagué,
se fue cual polizón
a una región hambruna
donde meciose enferma y sin vacuna
hasta que el sol de poniente hizo alguna
de sus bromitas y un gran sofocón
me destempló y mi lumbre quedó a oscuras.
Hasta hoy
pude ver
cómo al dente
me hacías obelisco
y tu diente
se resquebrajaba
con cada mordisco.
No fui marisco, ni plato caliente
pero mi mente
fundiose al papel
y me escribiste en recetas de tres
y me comiste servido en la fuente
con que comimos los crudos bistecs
de las boquitas que fueron a verte.
tu desbán...
Y quedar raídos mis bolsillos.
El manchar
de toda la humedad
se come nuestro nido.
Mas que al menos
quede lleno
el apetito
de mi grito
al dar...
la pincelada que tape el cristal,
la vocerada que ahuyente al sonar
y que reviente el oído del mal.
Abroché
mi razón
al cohete que se fue a la luna.
No pagué,
se fue cual polizón
a una región hambruna
donde meciose enferma y sin vacuna
hasta que el sol de poniente hizo alguna
de sus bromitas y un gran sofocón
me destempló y mi lumbre quedó a oscuras.
Hasta hoy
pude ver
cómo al dente
me hacías obelisco
y tu diente
se resquebrajaba
con cada mordisco.
No fui marisco, ni plato caliente
pero mi mente
fundiose al papel
y me escribiste en recetas de tres
y me comiste servido en la fuente
con que comimos los crudos bistecs
de las boquitas que fueron a verte.
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