Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
El reloj marca la hora exacta,
esa hora en que abres la puerta y te saludo,
asomas la cabeza y como no hay ningún chismoso
nos besamos libremente, con la lengua como escudo.
Nos besamos y rodeo tu cara con mis manos,
oigo un ruido y me aparto,
pero apenas es una paloma que nos ve como extraños,
reímos y casi de inmediato, volvemos a besarnos.
Cerramos la puerta, seguimos sin dirigir palabra,
porque las manos van marcando el camino,
y tus dedos me cuecen en llama,
en tanto mis yemas, deshilan tu vestido.
Márcame en el cuello cual vampiresa,
con saliva y sangre de por medio,
llevo caminado medio desierto de tus piernas
y me susurras que siga sin miedo.
Me entretuvo un botón al frente de tu vestido
y estuve a punto del filo de la navaja,
pero tus manos despejaron el navío
y continuamos con la cortina baja.
Nos besamos y el final de esta historia pinta a bueno,
con un barco llegando a buen puerto,
con tu desnudez que me atrapa como un veneno
y la ropa regada sin orden por el suelo.
Asomas la cabeza y como no hay ningún chismoso
nos besamos libremente, sin relojes ni minutos,
yo vengo como cartero a dejarte un vino espumoso
y tú me invitas a pasar, para ver girar el mundo.
esa hora en que abres la puerta y te saludo,
asomas la cabeza y como no hay ningún chismoso
nos besamos libremente, con la lengua como escudo.
Nos besamos y rodeo tu cara con mis manos,
oigo un ruido y me aparto,
pero apenas es una paloma que nos ve como extraños,
reímos y casi de inmediato, volvemos a besarnos.
Cerramos la puerta, seguimos sin dirigir palabra,
porque las manos van marcando el camino,
y tus dedos me cuecen en llama,
en tanto mis yemas, deshilan tu vestido.
Márcame en el cuello cual vampiresa,
con saliva y sangre de por medio,
llevo caminado medio desierto de tus piernas
y me susurras que siga sin miedo.
Me entretuvo un botón al frente de tu vestido
y estuve a punto del filo de la navaja,
pero tus manos despejaron el navío
y continuamos con la cortina baja.
Nos besamos y el final de esta historia pinta a bueno,
con un barco llegando a buen puerto,
con tu desnudez que me atrapa como un veneno
y la ropa regada sin orden por el suelo.
Asomas la cabeza y como no hay ningún chismoso
nos besamos libremente, sin relojes ni minutos,
yo vengo como cartero a dejarte un vino espumoso
y tú me invitas a pasar, para ver girar el mundo.