[center:0f622ac5b4]Ahora que no me ves,
quiero abrazarte.
Ahora que no me sientes,
quiero tenerte.
Ahora que tu aliento
no empaña los espejos de mi alma,
que no contengo la respiración
frente a tu desnudez,
que ya me es imposible
ante tu mirada perder la calma,
hechizo del que nunca me curé,
ahora quiero, por ti,
alzar la vista al cielo
y recuperar de nuevo la fe.
Ahora que alcanzar el brillo de tus ojos
se me antoja un sueño eterno,
que estremecerme contigo
no es más que un vago recuerdo,
ahora quiero, por ti,
arañar la madrugada que me hiere,
para no ahogarme en su veneno.
Sólo déjame esta noche acariciarte
en el silencio de mis tristes sueños.
Te aparté de mí sin saber
que los verdes prados
y los azules mares,
efímera fama de la libertad,
se acababan sin remedio
en los acantilados de tu piel.
He besado otras bocas
que llenaron de pasión
mil y una noches frías.
He abrigado mi cuerpo
con el calor extraño
de mujeres que se me entregaron
sin preguntas, sin respuestas.
Me he desmayado sobre sábanas
húmedas de amor furtivo.
Y mi pecho me pregunta por ti.
No te encuentro ya al filo de esta desidia.
Ya no te quedas agazapada en mis bolsillos,
escondida de la tormenta
(rayos de luz que iluminaban tu silueta,
hecha de rubor e impaciencia).
Ya no estás para nada.
Me dejaste volar,
y yo, necio Ícaro,
desplegué las alas al sol
de este puñado de recuerdos
que asolan mi corazón,
cuando, despistado,
me cruzo con estas ganas
de dejar de perder,
de abandonar por fin este ardor,
con estos pliegues de mi ser,
en los que aún mora preso
el dulce aroma de tu amor.[/center:0f622ac5b4]
quiero abrazarte.
Ahora que no me sientes,
quiero tenerte.
Ahora que tu aliento
no empaña los espejos de mi alma,
que no contengo la respiración
frente a tu desnudez,
que ya me es imposible
ante tu mirada perder la calma,
hechizo del que nunca me curé,
ahora quiero, por ti,
alzar la vista al cielo
y recuperar de nuevo la fe.
Ahora que alcanzar el brillo de tus ojos
se me antoja un sueño eterno,
que estremecerme contigo
no es más que un vago recuerdo,
ahora quiero, por ti,
arañar la madrugada que me hiere,
para no ahogarme en su veneno.
Sólo déjame esta noche acariciarte
en el silencio de mis tristes sueños.
Te aparté de mí sin saber
que los verdes prados
y los azules mares,
efímera fama de la libertad,
se acababan sin remedio
en los acantilados de tu piel.
He besado otras bocas
que llenaron de pasión
mil y una noches frías.
He abrigado mi cuerpo
con el calor extraño
de mujeres que se me entregaron
sin preguntas, sin respuestas.
Me he desmayado sobre sábanas
húmedas de amor furtivo.
Y mi pecho me pregunta por ti.
No te encuentro ya al filo de esta desidia.
Ya no te quedas agazapada en mis bolsillos,
escondida de la tormenta
(rayos de luz que iluminaban tu silueta,
hecha de rubor e impaciencia).
Ya no estás para nada.
Me dejaste volar,
y yo, necio Ícaro,
desplegué las alas al sol
de este puñado de recuerdos
que asolan mi corazón,
cuando, despistado,
me cruzo con estas ganas
de dejar de perder,
de abandonar por fin este ardor,
con estos pliegues de mi ser,
en los que aún mora preso
el dulce aroma de tu amor.[/center:0f622ac5b4]