AHORA, SI PUEDO CONTAROS.
Hoy, que la noche ha caído por fin mansa
hoy, cuando el viento indomable, que sacudía los pinos
por fin se cansó de hacerle huecos a los troncos viejos.
Ahora, que de los ojos se ha desaparecido la calima
que enlutaba de pena blanca la pupila
y que de negra noche el iris dilataba.
Ahora si puedo contaros,
que el sol pasa sin problema las vidrieras
y por las noches
ya no se desangra mas de angustia
la luna sobre mi cama.
Por si solas cayeron las cortinas negras
florecieron nuevamente las rosas y los tulipanes
la piel se pintó una vez mas
con los rubores de la primavera.
Volvieron las gaviotas a mi playa abandonada.
Cansados con su burlona queja, los cuervos
se fueron a chillar al cementerio a los muertos
su ronca pena.
Ahora si puedo contaros,
que una música lejana sonó a mis oídos
como el canto de una lira
era su voz, la que tanto ignoraba.
Hoy, gracias a sus manos puedo contaros,
que la herida ya no sangra,
y la pena ya no duele.
Sonríe la complicidad de un arco iris allá en el cielo
como un atrio de esperanza, antes de quedar dormido
y cerrar por fin
en paz los ojos.
L.O.D.M.
1-2006
COHELETT.
Hoy, que la noche ha caído por fin mansa
hoy, cuando el viento indomable, que sacudía los pinos
por fin se cansó de hacerle huecos a los troncos viejos.
Ahora, que de los ojos se ha desaparecido la calima
que enlutaba de pena blanca la pupila
y que de negra noche el iris dilataba.
Ahora si puedo contaros,
que el sol pasa sin problema las vidrieras
y por las noches
ya no se desangra mas de angustia
la luna sobre mi cama.
Por si solas cayeron las cortinas negras
florecieron nuevamente las rosas y los tulipanes
la piel se pintó una vez mas
con los rubores de la primavera.
Volvieron las gaviotas a mi playa abandonada.
Cansados con su burlona queja, los cuervos
se fueron a chillar al cementerio a los muertos
su ronca pena.
Ahora si puedo contaros,
que una música lejana sonó a mis oídos
como el canto de una lira
era su voz, la que tanto ignoraba.
Hoy, gracias a sus manos puedo contaros,
que la herida ya no sangra,
y la pena ya no duele.
Sonríe la complicidad de un arco iris allá en el cielo
como un atrio de esperanza, antes de quedar dormido
y cerrar por fin
en paz los ojos.
L.O.D.M.
1-2006
COHELETT.