susoermida
Poeta recién llegado
Ahora que en estas noches la hora me pasa
como mermelada minutera.
Ahora que ya es hora de ojos funerales
donde bebo los restos del último comedor,
donde pasan las cosas con un sentido
de que debería de olvidarme.
Ahora que parpadean las latitudes
de los ruidos que vivimos y que están olvidados.
Donde no sé donde dejé los mapas
que conocía de memoria, corredores
de la vida que nos acompañaron.
Ahora, la hora de forma atroz.
Ahora y en esta hora siento disparos.
Ojos detonantes que me fuerzan a un mar miserable
y a un océano de cenizas.
Miro hacia donde el testimonio de nuestra vida
se quedo en un adiós sin fuerza.
Es ahora la hora de la forma atroz.
Las espigas del camino y las humedades de nuestras flores
originan en mi fiebres repentinas y bailes quebradizos.
Tengo las horas como pestañas que se repiten
y las tengo también como mordiscos acostumbrados.
Las rodillas ya no me lastiman y por lastimar
ni la lástima de la vida se me hace materia de dolor.
Ahora que es la hora donde paso los días sin calendario:
esos días llenos de cantidades solitarias que pintan en negro
en donde no soy nada más que una fragua sin agua.
Ahora y en esta hora mi vigía esta ciego y solamente siento
un líquido extenso que se convierte en una pregunta
y se extiende hacia ti:
Por qué la hora fue hora y nos quemó su luz.
como mermelada minutera.
Ahora que ya es hora de ojos funerales
donde bebo los restos del último comedor,
donde pasan las cosas con un sentido
de que debería de olvidarme.
Ahora que parpadean las latitudes
de los ruidos que vivimos y que están olvidados.
Donde no sé donde dejé los mapas
que conocía de memoria, corredores
de la vida que nos acompañaron.
Ahora, la hora de forma atroz.
Ahora y en esta hora siento disparos.
Ojos detonantes que me fuerzan a un mar miserable
y a un océano de cenizas.
Miro hacia donde el testimonio de nuestra vida
se quedo en un adiós sin fuerza.
Es ahora la hora de la forma atroz.
Las espigas del camino y las humedades de nuestras flores
originan en mi fiebres repentinas y bailes quebradizos.
Tengo las horas como pestañas que se repiten
y las tengo también como mordiscos acostumbrados.
Las rodillas ya no me lastiman y por lastimar
ni la lástima de la vida se me hace materia de dolor.
Ahora que es la hora donde paso los días sin calendario:
esos días llenos de cantidades solitarias que pintan en negro
en donde no soy nada más que una fragua sin agua.
Ahora y en esta hora mi vigía esta ciego y solamente siento
un líquido extenso que se convierte en una pregunta
y se extiende hacia ti:
Por qué la hora fue hora y nos quemó su luz.