Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Al atravesar las tinieblas
unimos los sucesos del ahora,
no supimos si el amor fue el bozal de
la ternura,
si el amor no tuvo nombre
al caer en la insanìa:
y el brocal quedo nulo,
por lo febril se puede librar el pantano
donde sucumbes,
o te incendias en el azufre
y en este amanecer el pasado nada
significa. Pero en la piel viborea el cambio,
mientras el crepùsculo aposenta dos aves
que se aman.
Y lo pièlagos rosados se apagan
y la noche serà nadie.
Sin embargo,
en cada momento, o en cada instante,
se fugaran nuestros latidos,
precipitados como motas incitantes
unidos a las delicadas gotas del
rocìo.
Podemos percibir el ir y venir del cambio
casi al filo del alba y el sigilo de la Luna.
Serà la Luz la que sostiene la vida y el dorado
del amanecer. Atràs quedò la noche y su
picaro titilar.
Atràs quedò la tristeza y el extraño silencio
de la voz divina...
unimos los sucesos del ahora,
no supimos si el amor fue el bozal de
la ternura,
si el amor no tuvo nombre
al caer en la insanìa:
y el brocal quedo nulo,
por lo febril se puede librar el pantano
donde sucumbes,
o te incendias en el azufre
y en este amanecer el pasado nada
significa. Pero en la piel viborea el cambio,
mientras el crepùsculo aposenta dos aves
que se aman.
Y lo pièlagos rosados se apagan
y la noche serà nadie.
Sin embargo,
en cada momento, o en cada instante,
se fugaran nuestros latidos,
precipitados como motas incitantes
unidos a las delicadas gotas del
rocìo.
Podemos percibir el ir y venir del cambio
casi al filo del alba y el sigilo de la Luna.
Serà la Luz la que sostiene la vida y el dorado
del amanecer. Atràs quedò la noche y su
picaro titilar.
Atràs quedò la tristeza y el extraño silencio
de la voz divina...
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