JUAN MATIAS ARMANO
Poeta recién llegado
Oh rey, columna sagrada.
Soberana
y aguerrida,
su fugaz amada lo ampara
hacia la diagonal de luz umbría.
La caballería de excelsa
nobleza,
cobija zigzagueando
a sus zares,
relampagueando soles de gema
en la sangría y carnal alborada.
Deshacen las coléricas armadas,
marfilados y oblicuos alfiles,
y hercúleas
vigías lineales bajo
su espesor de diademas
blindadas.
En la vanguardia,
el peón esclavizado.
Cadenas de escudo y serna
expiran al abuso consagrado.
El odio de un negro nebuloso
y aquel candil
luciérnaga del blanco,
comparadlo
con los avasallados
y sus incólumes hidalgos.
Anémicas y endebles piezas,
congregadas al glacial
y lúdico acero,
de espadines en acre aguzados
desde su gris a una cruzada insondable.
El inmemorial fichero
no ha descifrado,
mi sagaz fulgor de la realidad.
Su escenario sublevado,
peonzas hacia monarcas urgirá.
Soberana
y aguerrida,
su fugaz amada lo ampara
hacia la diagonal de luz umbría.
La caballería de excelsa
nobleza,
cobija zigzagueando
a sus zares,
relampagueando soles de gema
en la sangría y carnal alborada.
Deshacen las coléricas armadas,
marfilados y oblicuos alfiles,
y hercúleas
vigías lineales bajo
su espesor de diademas
blindadas.
En la vanguardia,
el peón esclavizado.
Cadenas de escudo y serna
expiran al abuso consagrado.
El odio de un negro nebuloso
y aquel candil
luciérnaga del blanco,
comparadlo
con los avasallados
y sus incólumes hidalgos.
Anémicas y endebles piezas,
congregadas al glacial
y lúdico acero,
de espadines en acre aguzados
desde su gris a una cruzada insondable.
El inmemorial fichero
no ha descifrado,
mi sagaz fulgor de la realidad.
Su escenario sublevado,
peonzas hacia monarcas urgirá.
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