Sommbras
Poeta adicto al portal
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Llevaba años jugando al ajedrez consigo mismo. Jamás se aburría. Pasaba de un lado del tablero al otro, se sentaba, y con un dedo en la sien miraba pensativo las piezas. Calculaba todo, aunque él ignoraba si el personaje que jugaba con las blancas llevaba más partidas ganadas que el de las negras.
Él jugaba y jugaba, sólo escuchaba la música que desde su patio traían los naranjos, se olvidaba de comer, sólo tragaba el asombro de ciertos mates elaborados, se olvidaba de sus amigos, no tenía prisa de aprender cómo conquistar a una chica, no le importaba, si hiciese falta pagaría una odalisca, sería más tarde, el ajedrez le era necesario porque ya estaba empezando a sentir que podría ganar en cualquier batalla.
Un día jugando con blancas empezó a sentirse solo, abandonó la partida y se dijo: ¡caramba, qué tristeza tan negra!
...
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Jesús Soriano
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Llevaba años jugando al ajedrez consigo mismo. Jamás se aburría. Pasaba de un lado del tablero al otro, se sentaba, y con un dedo en la sien miraba pensativo las piezas. Calculaba todo, aunque él ignoraba si el personaje que jugaba con las blancas llevaba más partidas ganadas que el de las negras.
Él jugaba y jugaba, sólo escuchaba la música que desde su patio traían los naranjos, se olvidaba de comer, sólo tragaba el asombro de ciertos mates elaborados, se olvidaba de sus amigos, no tenía prisa de aprender cómo conquistar a una chica, no le importaba, si hiciese falta pagaría una odalisca, sería más tarde, el ajedrez le era necesario porque ya estaba empezando a sentir que podría ganar en cualquier batalla.
Un día jugando con blancas empezó a sentirse solo, abandonó la partida y se dijo: ¡caramba, qué tristeza tan negra!
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Jesús Soriano
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