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Llegó una noche de vino,
como si hubiera nacido
donde acaba la impaciencia,
un de repente sin ciencia,
en un enero dormido.
Hizo vida tu existencia
tu palpitación, latidos.
No susurró compromisos,
ni te dejó hacer promesas.
Templó el corazón vencido
y no encadenó tu esencia
para no hacerte testigo
de su eterna primavera
y su amanecer rendido.
Puede ser cruel el vacío,
si termina lo que empieza
cuando apenas has podido
tocarlo, y pensar que ha sido
la preciosa consecuencia
de un transitar sin camino...
Hay algunos que te dejan
y te dejan roto, herido.
Otros que tan sólo juegan.
Otros, fueron desafíos.
Y no es de extrañar que huyeran
pues cuando se les encierra
se convierten en cerezas
y se las come el olvido.
Sobra el lamentar tardío
y el desgaste de conciencia
si llegó sin darte cuenta
y sin molestar se ha ido.
Porque su hogar está en venta
y su corazón, vendido.