Entre la muchedumbre, en medio del camino
rodeado de sombras y algunos blancos,
al lado de un jardín de lagrimas oscuras,
encontré un pincel de yemas en primavera
brotando en la tarde de mis cenizas
que pintaba largas estrellas de azul y verde
que saltaba entre soles y marismas,
a la vera de largos pétalos de amarillo
y estambres de seda que enredaban mi alma
colores y ritmos que brincaban las noches
y calentaban las frías de mi vida.
Me pintaste en mil colores que sólo un hombre,
Carlos le llaman, fue capaz de albergar,
y así, casi sin darme cuenta,
me transformé en el cuadro de una mujer
que me dio la vida, que me enseñó a vivir
y a sufrir en el hogar del amor,
frente a frente, y a solas,
abrazado a sus verdes.
... Mila tu y yo, cogidos de la mano hasta el final ...