Se muere la noche. La luna deja de cantar.
A lo lejos se divisa una estrella diáfana.
Es igual a mi igual a ti, errantes frente a la soledad.
La muchedumbre grita en medio de tanta bruma.
Nos golpea el aire pero es irreversible este desaliento
estas ansias de esquivarnos y creernos dementes.
Yo a veces la tuve anclada a mis brazos más hoy
ella se desliza de mí como un suave viento
acariciando mi espalda.
¡Noche tan honda!, ¡Noche tan negra!
Deshace aquel encanto, aquel misterio de nuestras almas.
Aquella desilusionada pasión.
Hoy vertimos el vino negro en nuestras almas
y dejamos de ser los que fuimos siempre.
La noche se lleva en su hondura sus recuerdos y los míos.
Es el final ¡lo presiento! Todo se cierra paulatinamente.
Nuestras almas ya ni sienten.
Quizás este sea el preciso Momento para callar y decir……
¡Adiós!
A lo lejos se divisa una estrella diáfana.
Es igual a mi igual a ti, errantes frente a la soledad.
La muchedumbre grita en medio de tanta bruma.
Nos golpea el aire pero es irreversible este desaliento
estas ansias de esquivarnos y creernos dementes.
Yo a veces la tuve anclada a mis brazos más hoy
ella se desliza de mí como un suave viento
acariciando mi espalda.
¡Noche tan honda!, ¡Noche tan negra!
Deshace aquel encanto, aquel misterio de nuestras almas.
Aquella desilusionada pasión.
Hoy vertimos el vino negro en nuestras almas
y dejamos de ser los que fuimos siempre.
La noche se lleva en su hondura sus recuerdos y los míos.
Es el final ¡lo presiento! Todo se cierra paulatinamente.
Nuestras almas ya ni sienten.
Quizás este sea el preciso Momento para callar y decir……
¡Adiós!