F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Al nieto que no me llega
Presagiaba que un torito
vendría pronto a mi puerta
Y el sueño se haría de luz
cuando el torito viniera,
¡cubierto de sal y nácar
hermoso de luna llena!
¡Tú no me llores, chaval
que vendrás cuando Dios quiera!
Yo estoy llorando también
porque sé que no estás cerca…
y que no podrás jugar
en el portal de tu abuela.
Veo nubarrones negros,
ciegos de furia y tormenta,
tormenta de lluvia y vida
la ... vida que se me seca.
Los años parecen breves
y pocos los que me restan,
dulce sueño, sueño cálido
de amores llenos de estrellas
Y en los clarines del alma
voces calladas me inquietan
voces de un nieto perdido
por culpa de una moneda:
la moneda, cara y cruz
que, con el ego, se enfrenta.
¡Tú no me llores chaval
que vendrás cuando Dios quiera!
Cuando tu padre y tu madre
compren tu capa de seda,
tu cuna hecha de ensueños
y de palabras sinceras;
y los gestos egoístas
no olviden la descendencia,
ni los amores nublados
se olviden de las promesas…
Tendré clavado en el alma
hasta mi muerte tu ausencia
porque sé que no vendrás
a completar mi cosecha
-fresca ilusión de mi vida-
ni a darle un beso a tu abuela.
Presagiaba que un torito
vendría pronto a mi puerta
Y el sueño se haría de luz
cuando el torito viniera,
¡cubierto de sal y nácar
hermoso de luna llena!
¡Tú no me llores, chaval
que vendrás cuando Dios quiera!
Yo estoy llorando también
porque sé que no estás cerca…
y que no podrás jugar
en el portal de tu abuela.
Veo nubarrones negros,
ciegos de furia y tormenta,
tormenta de lluvia y vida
la ... vida que se me seca.
Los años parecen breves
y pocos los que me restan,
dulce sueño, sueño cálido
de amores llenos de estrellas
Y en los clarines del alma
voces calladas me inquietan
voces de un nieto perdido
por culpa de una moneda:
la moneda, cara y cruz
que, con el ego, se enfrenta.
¡Tú no me llores chaval
que vendrás cuando Dios quiera!
Cuando tu padre y tu madre
compren tu capa de seda,
tu cuna hecha de ensueños
y de palabras sinceras;
y los gestos egoístas
no olviden la descendencia,
ni los amores nublados
se olviden de las promesas…
Tendré clavado en el alma
hasta mi muerte tu ausencia
porque sé que no vendrás
a completar mi cosecha
-fresca ilusión de mi vida-
ni a darle un beso a tu abuela.
Última edición: