Pablo Londoño Larrea
Poeta recién llegado
Al político moderno
I
Los sinuosos caminos del paraje soñoliento
guardan al anciano de tez inmutable,
irónico hombre, sonrisa despreciable,
que lleva su moral asentada al pavimento.
Ser mefistofélico, elocuente orador,
que aprovecha de su don destruyendo las masas,
como en subterráneas vías los arroja a las brasas
y, después celebra en canto cual si fuera ruiseñor.
Hipócrita que se alimenta dormitando
del sueño siniestro, despreciable vehemente,
que busca ganarse el clamor de la gente,
pueblos ingenuos, idiotas descuidados.
Con una sonrisa gana votos ignorantes
que, a juzgar por la apariencia son puro uniforme,
un rebaño que le sigue con ideas conforme,
que no sabe ni del tema y lo apoya constante.
Se aprovecha vilmente de humanas agonías
que según su parecer como al arado hiriente
con la fuerza y el hierro labra surcos dementes,
donde siembra y cosecha su futura comida.
II
Como aves de rapiña sus colegas obscenos
viven al acecho de cualquier desvarío,
para sacar provecho como el ave en su nido
de los ignorantes gusanos que llegan a su seno
deseosos de apoyo en su vasto delirio,
buscando al titulado adecuado para eso,
que cobra en su ayuda el equivalente en peso
de diamante y oro enmarcados en vidrio.
La historia se repite como en cuento vanidoso,
al político infecto lo quieren desarraigar,
con fuerza inagotable lo desean despachar
desde ahora y para siempre de su cargo pomposo.
El daño estuvo hecho y la herida ha de sanar
mas la lacra va quedando en el pueblo y su cimiento
y, el magnate inmutable pasajero como el viento
con su malsana riqueza se despide a disfrutar.
I
Los sinuosos caminos del paraje soñoliento
guardan al anciano de tez inmutable,
irónico hombre, sonrisa despreciable,
que lleva su moral asentada al pavimento.
Ser mefistofélico, elocuente orador,
que aprovecha de su don destruyendo las masas,
como en subterráneas vías los arroja a las brasas
y, después celebra en canto cual si fuera ruiseñor.
Hipócrita que se alimenta dormitando
del sueño siniestro, despreciable vehemente,
que busca ganarse el clamor de la gente,
pueblos ingenuos, idiotas descuidados.
Con una sonrisa gana votos ignorantes
que, a juzgar por la apariencia son puro uniforme,
un rebaño que le sigue con ideas conforme,
que no sabe ni del tema y lo apoya constante.
Se aprovecha vilmente de humanas agonías
que según su parecer como al arado hiriente
con la fuerza y el hierro labra surcos dementes,
donde siembra y cosecha su futura comida.
II
Como aves de rapiña sus colegas obscenos
viven al acecho de cualquier desvarío,
para sacar provecho como el ave en su nido
de los ignorantes gusanos que llegan a su seno
deseosos de apoyo en su vasto delirio,
buscando al titulado adecuado para eso,
que cobra en su ayuda el equivalente en peso
de diamante y oro enmarcados en vidrio.
La historia se repite como en cuento vanidoso,
al político infecto lo quieren desarraigar,
con fuerza inagotable lo desean despachar
desde ahora y para siempre de su cargo pomposo.
El daño estuvo hecho y la herida ha de sanar
mas la lacra va quedando en el pueblo y su cimiento
y, el magnate inmutable pasajero como el viento
con su malsana riqueza se despide a disfrutar.