Miguel Arturo
Poeta recién llegado
Estoy confundido
-más no me encuentro entre todos ellos-
He tratado de comportarme
de la misma manera,
cual aquel inadaptado e ignorado
que pretende hacerse reconocer
entre lo sofisticado
o entre lo reluciente;
ridículos, parodias,
escenas, digresiones y mentiras.
Me pudriré en estulticia
como el hombre moderno,
anidaré un reino de precaria
sensibilidad,
me despojaré yo mismo de mi espíritu
y gritaré a cuatro vientos
fatuas y desoladas ideas,
pero bajo la égida
de un país moderno.
Bendeciré la gracia de mis semejantes:
la inteligencia.
Y en aras del bienestar
atentaré contra mi semejante
cual conspicuo esbirro
amante de la igualdad.
Adiestraré tus pensamientos
bajo las disciplinas flemáticas,
impasibles,
persuadiré a los necios
y amansaré sus sentimientos,
departiremos y concluiremos
que la felicidad radica
en la caverna lóbrega
que sólo el brillo efímero
del oro puede ceñir
al corazón humano.
Ensalzaré a todos los hombres,
y haré de su esperanza
un pálido rescoldo,
celebraremos a nuestras instituciones
y anunciaremos,
bajo el progreso del hombre,
que las sombras ya no existen,
pues se habrán ido
y afanado al fracaso del olvido.
-más no me encuentro entre todos ellos-
He tratado de comportarme
de la misma manera,
cual aquel inadaptado e ignorado
que pretende hacerse reconocer
entre lo sofisticado
o entre lo reluciente;
ridículos, parodias,
escenas, digresiones y mentiras.
Me pudriré en estulticia
como el hombre moderno,
anidaré un reino de precaria
sensibilidad,
me despojaré yo mismo de mi espíritu
y gritaré a cuatro vientos
fatuas y desoladas ideas,
pero bajo la égida
de un país moderno.
Bendeciré la gracia de mis semejantes:
la inteligencia.
Y en aras del bienestar
atentaré contra mi semejante
cual conspicuo esbirro
amante de la igualdad.
Adiestraré tus pensamientos
bajo las disciplinas flemáticas,
impasibles,
persuadiré a los necios
y amansaré sus sentimientos,
departiremos y concluiremos
que la felicidad radica
en la caverna lóbrega
que sólo el brillo efímero
del oro puede ceñir
al corazón humano.
Ensalzaré a todos los hombres,
y haré de su esperanza
un pálido rescoldo,
celebraremos a nuestras instituciones
y anunciaremos,
bajo el progreso del hombre,
que las sombras ya no existen,
pues se habrán ido
y afanado al fracaso del olvido.