Noa
Poeta recién llegado
Deambulando en travesía con vehemencia azacana,
Con alma energizada de café y guaraná,
Navegando en afonía entre quimeras cotidianas,
Con alas sacarinas y con brío de maná
Confrontando somnolencia y el deber del porvenir,
Bajo la falsa certeza de esperanza en venir,
Entre cielos ya plomizos y edificios moribundos,
Van automatizados, sin pensar por un segundo
Alimentados de pereza, de dolor y de ilusión,
De apatía agudeza, y de sueños sin razón,
De un mañana diferente, de salir de la adicción,
De esforzarse día a día, sin ninguna aportación.
La jornada rutinaria, uniforme e invariable,
redundancia en abundancia, indiferencia abominable,
De desaire, blanco y negro, y de gran monotonía,
Mas seguimos de esta forma, decayendo nuestras vidas.
Y que ocurrio con ese fuego, que brillaba desde adentro,
o esa firme pulsación, que latía en nuestro centro,
y por secuela de su ausencia, una oscura descreencia,
que urge una inminencia, de gran malevolencia.
Y hemos hoy aquí, caminando a contra luz,
entre humareda gris , tenue lampo de trasluz,
con acervos que perturban la razón e indagación,
entumecido y tintado de azabache el corazón,
Va mermando el ensueño, la verdad de tal destino,
que sufrimos los que aspiran, de escapar de lo anodino,
bajo el lóbrego horizonte, en contorno agrisado,
y la etérea alborada, y el diluvio solapado,
Alados de guaranina sacarina y confusión,
desolado y tintado de azabache el corazón,
merodeando hacia el estrago sin sentido ni razón,
Mas seguimos aleteandos sobre cual asolación.
Con alma energizada de café y guaraná,
Navegando en afonía entre quimeras cotidianas,
Con alas sacarinas y con brío de maná
Confrontando somnolencia y el deber del porvenir,
Bajo la falsa certeza de esperanza en venir,
Entre cielos ya plomizos y edificios moribundos,
Van automatizados, sin pensar por un segundo
Alimentados de pereza, de dolor y de ilusión,
De apatía agudeza, y de sueños sin razón,
De un mañana diferente, de salir de la adicción,
De esforzarse día a día, sin ninguna aportación.
La jornada rutinaria, uniforme e invariable,
redundancia en abundancia, indiferencia abominable,
De desaire, blanco y negro, y de gran monotonía,
Mas seguimos de esta forma, decayendo nuestras vidas.
Y que ocurrio con ese fuego, que brillaba desde adentro,
o esa firme pulsación, que latía en nuestro centro,
y por secuela de su ausencia, una oscura descreencia,
que urge una inminencia, de gran malevolencia.
Y hemos hoy aquí, caminando a contra luz,
entre humareda gris , tenue lampo de trasluz,
con acervos que perturban la razón e indagación,
entumecido y tintado de azabache el corazón,
Va mermando el ensueño, la verdad de tal destino,
que sufrimos los que aspiran, de escapar de lo anodino,
bajo el lóbrego horizonte, en contorno agrisado,
y la etérea alborada, y el diluvio solapado,
Alados de guaranina sacarina y confusión,
desolado y tintado de azabache el corazón,
merodeando hacia el estrago sin sentido ni razón,
Mas seguimos aleteandos sobre cual asolación.
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