Alas rotas, colmillos rotos.

Sira

Poeta fiel al portal
Alas rotas, colmillos rotos


No por ser el que más llora eres el que más sufre.

Eso es algo que aprendí con el paso del tiempo.

Deja ya de ejecutar como una actriz consumada
esos ridículos aspavientos.

Mi dolor no es menos punzante;
es sólo que va por dentro.

Has olvidado, quizás,
que lo nuestro se remonta a muchos ayeres
y a muchos cambios; pero yo todavía recuerdo
el comienzo de este disparatado cuento.

La candorosa historia que se gestó
durante aquellos días de sofocante verano,
cuando todavía no éramos más que semillas
de hada y de vampiro profundamente sepultadas
en la Madre Tierra.

Aletargadas y somnolientas,
tan sólo un germen sediento,
diminuto pero palpitante.

Una promesa de vida expectante,
a la espera del momento preciso para florecer alguna vez.

Y nuestra hora llegó.Y florecimos.

Tú, como un hada de cristalinas alas de seda.
Y yo, como un vampiro travieso que sale
de caza las noches de Luna llena.

Tú, viviendo magnífica e inmensa
en la cumbre de luz cegadora y rutilante.
Y yo, viviendo al amparo de las estrellas
y nutriéndome del calor de la sangre.

Una extraña pareja, sin duda alguna...

Pero siempre acudíamos puntuales
a nuestra cita en el Claro de Luna.

Siempre sonrientes,
tomadas de la mano y bailando en sempiterno círculo,
acompañadas de trasgos y duendes.

Siempre sonrientes,
con los ojos inundados del fulgor del amanecer
tras mil noches lluviosas,
tal y como tú describiste alguna vez.

Y yo me sentí feliz de tenerte.
Feliz de llevarte siempre cerca.

Como un espíritu ingrávido y cálido
que remontaba el firmamento nocturno a mi lado
y que llenaba de júbilo mi corazón malherido,
incluso en la Noche más Oscura del Alma.

¿Qué fue de todo aquello, amor mío?
¿En qué momento cayeron al suelo mis dientes,
y en qué momento se pulverizaron tus quebradizas alas?​
 

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