Teo Moran
Poeta fiel al portal
Hay nieve en la montaña amada mía,
el viento suspira unos lamentos fríos
y en mi pecho el silencio de la palabra
que a solas camina por la ribera del río,
y tras la chopera siempre va tu sombra
con su lento caminar y medio dormida.
¡Ay rosa de Abril que duermes por el día
y desvelada miras la luz de la madrugada!
Tiene un rumor la plaza en sombra y vacía,
aún resuena la risa alegre de los niños,
y en el cielo, el vuelo de las golondrinas
como pétalos negros caen de tu ventana,
dejando el dulce aroma de tu blanca piel
en los rincones más profundos del alma.
¡Ay rosa de Abril que lloras a todas horas
desconsolada mirando tu tallo en el río!
Mi amor, hay vida nueva en el campo,
espigas pintando de verde la llanura,
los brotes del cereal germinan en la tierra
como los latidos del corazón mi amada
nacen ignorantes y apenas sin ruido,
pero cuando cae la lluvia fría desde lo alto
con su canto va quebrando la piedra,
poco a poco con sus dedos de cristal
va esbozando un sinuoso riachuelo,
mas en este, las gotas salpican en su lecho
y como notas de una eterna melodía
alborotan a los chopos dormidos en la orilla.
¡Ay rosa de Abril que esperas vivir siempre
en el campo con tus alborotos y suspiros!
Esto se oye en mi corazón amada mía
cada vez que te oigo llegar por la vereda,
cuando te veo reflejada en el iris del alma,
en las molduras rotas del árbol seco
que la primavera ya ha dado por muerto
y aún se resiste a caer en el olvido,
se oye el tornar de una puerta lejana
mientras dos amantes corren felices
al encuentro de sus brazos y sus besos.
¡Ay de la rosa de Abril marchita en el ojal
cuando ya no quedan tardes de domingo!
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