Vienes y moldeas en mi rostro
con tus manos
una sonrisa
y en mi alma
que gira y gira con el mundo
suavizas mis asperezas
con el roce de tu cercanía.
Parece de barro mi existencia,
y tú,
y tú una alfarera
que hace alarde
en mi semblante
de la más sublime maestría.