Fernando Gálvez
Poeta recién llegado
Cambian las rosas y los nombres.
Mientras bailan al son de una música monótona,
se mimetisan y aúnan en mis ojos.
Siempre han sido peligrosos los ejércitos cobardes,
al menos en sus primeras batallas.
Rotan los días, los soles y los roles
en este carnaval mas parecido a un corso que a una fiesta.
Desfilan comparsas repletas de fantasmas y de heridas incurables.
La necesidad de aprender algo,
algo mezclado en el dolor,
siempre esconde las verdades, los hechos y las razones.
( me niego a reducirlo a destino)
Si las alas pudieran despegarse de la espalda,
Encontraría un par de mentiras que tranquilicen mi espanto.
Hallaría en este laberinto,
Mas allá de todo ocaso o nublado amanecer,
Las luces de los ojos de la humanidad.
Mientras bailan al son de una música monótona,
se mimetisan y aúnan en mis ojos.
Siempre han sido peligrosos los ejércitos cobardes,
al menos en sus primeras batallas.
Rotan los días, los soles y los roles
en este carnaval mas parecido a un corso que a una fiesta.
Desfilan comparsas repletas de fantasmas y de heridas incurables.
La necesidad de aprender algo,
algo mezclado en el dolor,
siempre esconde las verdades, los hechos y las razones.
( me niego a reducirlo a destino)
Si las alas pudieran despegarse de la espalda,
Encontraría un par de mentiras que tranquilicen mi espanto.
Hallaría en este laberinto,
Mas allá de todo ocaso o nublado amanecer,
Las luces de los ojos de la humanidad.