Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Besó tu cara el dorso de mis ojos,
cegó el viento tu pelo,
alimentó la luz el día de tu ayer,
sostuvo tus promesas el olvido.
Las calles y las plazas no te pidieron nada,
las fuentes y los nidos se quedaron sin hambre, sin papilas,
y lo más nutritivo residía en tu lluvia de manos.
Tus caricias sin tacto son burbujas, tan solo gravedad,
así como las celdas de mis dedos,
que flotan en el aire,
y que traen la tormenta cuando tu voz descansa.
Ah, mujer sin lugar, cómo hurgas los rincones con uñas exiliadas.
Ah, joya arcana, guardas tu resplandor bajo mi piel.
Ah, invisibilidad de lo traslúcido.
Ah, llave que no abre,
ah, dolor metafórico.
No corrijo el silencio.
Creo oír tus sonidos, coronando mi cuerpo,
quizás hable por mí a través de tu alma.
Ah, pared laberíntica.
Ah, tú, diosa, creada, para pensarte, para ser humana.
cegó el viento tu pelo,
alimentó la luz el día de tu ayer,
sostuvo tus promesas el olvido.
Las calles y las plazas no te pidieron nada,
las fuentes y los nidos se quedaron sin hambre, sin papilas,
y lo más nutritivo residía en tu lluvia de manos.
Tus caricias sin tacto son burbujas, tan solo gravedad,
así como las celdas de mis dedos,
que flotan en el aire,
y que traen la tormenta cuando tu voz descansa.
Ah, mujer sin lugar, cómo hurgas los rincones con uñas exiliadas.
Ah, joya arcana, guardas tu resplandor bajo mi piel.
Ah, invisibilidad de lo traslúcido.
Ah, llave que no abre,
ah, dolor metafórico.
No corrijo el silencio.
Creo oír tus sonidos, coronando mi cuerpo,
quizás hable por mí a través de tu alma.
Ah, pared laberíntica.
Ah, tú, diosa, creada, para pensarte, para ser humana.
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