JOSE BOADO CORDOVA
Poeta recién llegado
He sentido ganas locas de verte
dormida en los cabellos de este atardecer
alumbrado por el palpitar constante
de esta mano que ahora tiembla.
Este atardecer se siente frío
con sabor a octubres rojos
tiene sed de ser amado
y busca en la fragilidad de sus vientos
tus palabras matizadas.
Mientras este atardecer se duerme
en la agonía de no verte,
mi corazón ya no baila
en este ritmo ardiente,
solo muere; ya no palpita.
He sentido angostas punzadas
(en el pecho
que me recuerdan tu nombre
que sienta que aún vives,
que me cuenten que me amas.
He sentido largas caricias
que me han demostrado
que me alimentas día a día
en las frágiles y amorosas
manos del viento.
Hoy mi alma rebota
a la deriva del anochecer ya presente
al miedo profundo a la oscuridad
y las cualidades de estar solo,
anunciando a leguas lejanas
el misterio de tener un atardecer
nunca antes visto,
solo para dedicarlo a la memoria
de este día que desde ya,
hoy aquí termina.
Este atardecer siempre
huele a ti.
dormida en los cabellos de este atardecer
alumbrado por el palpitar constante
de esta mano que ahora tiembla.
Este atardecer se siente frío
con sabor a octubres rojos
tiene sed de ser amado
y busca en la fragilidad de sus vientos
tus palabras matizadas.
Mientras este atardecer se duerme
en la agonía de no verte,
mi corazón ya no baila
en este ritmo ardiente,
solo muere; ya no palpita.
He sentido angostas punzadas
(en el pecho
que me recuerdan tu nombre
que sienta que aún vives,
que me cuenten que me amas.
He sentido largas caricias
que me han demostrado
que me alimentas día a día
en las frágiles y amorosas
manos del viento.
Hoy mi alma rebota
a la deriva del anochecer ya presente
al miedo profundo a la oscuridad
y las cualidades de estar solo,
anunciando a leguas lejanas
el misterio de tener un atardecer
nunca antes visto,
solo para dedicarlo a la memoria
de este día que desde ya,
hoy aquí termina.
Este atardecer siempre
huele a ti.