Llega la noche, la oscuridad nubla mi mente,
el viento se lleva mi espíritu y el frío congela mi alma,
impidiendo el paso de mis sentimientos hacía tu corazón.
Solo quisiera que el cielo se nuble, que los relámpagos me cieguen,
que la brisa me borre y el llanto me lleve al mar,
para que así logre ver la libertad,
la cual me cohíbe y me hace pensar que ya no soy nada.
Ya el camino se desvió de la ruta del dolor,
ya las sombras no son más que un simple despistar.
Y llegará el día en que tú seas paz, pero en tu corazón ya no
existirá la felicidad,
tu mente anunció este momento que fue cuando te fuiste.
Y desde aquí reconozco tu mirada que emana angustia,
pero que no quita el placer que siento al ver
que ya no le interesas ni a la vida ni a la muerte.
Solo el universo relata gotas de frío inmenso,
que están insertos en mi oscuro corazón,
haciéndolo frágil e incapaz de latir,
sin razones aparentes para escapar de mi extenuante
paso por este derrumbe de miseria.