Los hijos de la tierra,
llevan demasiado tiempo,
imponiendo la codicia y la violencia…
y la luna, tiene esa rebeldía,
de los ojos visionarios y los rostros de porcelana…
una rebeldía reflejada en los estanques,
en la respiración de orquídeas,
de jardines constelados…
Y llegan los tiempos,
donde cronometran panteras,
de los circos estelares;
las musas tienen vientre de estrellas…
las deidades de los horizontes,
prometen en ecos,
tras aquellos ecos…
ellos, los que acompañan,
con sus xilófonos,
por los tejados,
el dictado de columpios de la noche…
Lo parlanchín en nosotros,
lo que suplantaba al árbol,
a los poetas desnudados de hojas (de papel)…
donde danza, nuestra gran hoguera, del compartir…
y las muchachas por senderos de chocolates,
con lo que adivina el parpado, gaviotas de alas cobrizas…
anhelan las sonrisas de las olas…
Agrupaban esos niños, papelerías,
Dulcineas, los bares…
y la rae, esos cielos en consulta…
las entrecortadas velas
y caleidoscópicas luces de sus altares…
llevan demasiado tiempo,
imponiendo la codicia y la violencia…
y la luna, tiene esa rebeldía,
de los ojos visionarios y los rostros de porcelana…
una rebeldía reflejada en los estanques,
en la respiración de orquídeas,
de jardines constelados…
Y llegan los tiempos,
donde cronometran panteras,
de los circos estelares;
las musas tienen vientre de estrellas…
las deidades de los horizontes,
prometen en ecos,
tras aquellos ecos…
ellos, los que acompañan,
con sus xilófonos,
por los tejados,
el dictado de columpios de la noche…
Lo parlanchín en nosotros,
lo que suplantaba al árbol,
a los poetas desnudados de hojas (de papel)…
donde danza, nuestra gran hoguera, del compartir…
y las muchachas por senderos de chocolates,
con lo que adivina el parpado, gaviotas de alas cobrizas…
anhelan las sonrisas de las olas…
Agrupaban esos niños, papelerías,
Dulcineas, los bares…
y la rae, esos cielos en consulta…
las entrecortadas velas
y caleidoscópicas luces de sus altares…