Yo Aurelio
Poeta recién llegado
Sus silencios eran largos como una bazooka
y se escondía en cosas triviales:
crímenes de guerra, pactos con rufianes;
llevaba una borrachera de color azul desteñido
y un camino algo lento
y un presagio algo frío.
Se disponía a morir aletargada,
un poco más de droga
y menos de prudencia,
como los huracanes que se desvanecen
después de dar batalla
y dejar en la destrucción lo lindo de su firma.
La vi por última vez poco antes de marcharse,
llevaba un reloj incompleto
y huellas de sequía,
tenía a medio labio un beso,
tan frío como sus ganas,
y en su mirada una copa;
no dijo adiós,
no era necesario,
tan solo cerró la puerta y dejó que su silencio
me echara de su vida,
después no volvimos a vernos
hasta que un diario parlanchín e impertinente
dio fe de su deceso,
en la hora cruel del desayuno.
Los amigos dicen que su puerta está cerrada
y ella está más fría.
Llevaba silencios dulces como una daga.
y se escondía en cosas triviales:
crímenes de guerra, pactos con rufianes;
llevaba una borrachera de color azul desteñido
y un camino algo lento
y un presagio algo frío.
Se disponía a morir aletargada,
un poco más de droga
y menos de prudencia,
como los huracanes que se desvanecen
después de dar batalla
y dejar en la destrucción lo lindo de su firma.
La vi por última vez poco antes de marcharse,
llevaba un reloj incompleto
y huellas de sequía,
tenía a medio labio un beso,
tan frío como sus ganas,
y en su mirada una copa;
no dijo adiós,
no era necesario,
tan solo cerró la puerta y dejó que su silencio
me echara de su vida,
después no volvimos a vernos
hasta que un diario parlanchín e impertinente
dio fe de su deceso,
en la hora cruel del desayuno.
Los amigos dicen que su puerta está cerrada
y ella está más fría.
Llevaba silencios dulces como una daga.