Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aliviar esa sed de cercanía de las piedras
trabajándolas, acercándolas unas a la otras
con algún tipo de cemento o argamasa,
levantando muros, separaciones del frío,
vuelta al blanco en su interior de arena:
cálida, compacta, suave,
como la piel de un bebé recién nacido
que busca reconocerse en ojos de una madre
que parece eterna.
Un edificio de paredes mullidas,
brazos elevados por encima del tejado
y humo que son palabras
que descansan entre nubes
y a veces se derraman,
como fina lluvia o látigo o promesa
de aplacar la sed
de piedras, aunque lloren.