Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
De las ráfagas, dueña estática y limítrofe,
donde el hueso se quiebra hasta rallar la luz,
mientras las olas suben tu escalera,
y los insectos gritan en el aura sanguínea,
cuando el virus del fuego yace en tus almohadas,
y la lluvia se asusta en los cristales recónditos
del alba, del reflejo, del tiempo, del silencio,
y el hombre nisiquiera encuentra un laberinto.
donde el hueso se quiebra hasta rallar la luz,
mientras las olas suben tu escalera,
y los insectos gritan en el aura sanguínea,
cuando el virus del fuego yace en tus almohadas,
y la lluvia se asusta en los cristales recónditos
del alba, del reflejo, del tiempo, del silencio,
y el hombre nisiquiera encuentra un laberinto.