Martín Lucía
Poeta recién llegado
Arde la comida en el plato.
Parece querer huir,
parece querer ser yo.
Yo, que solo soy intento.
La voz del televisor,
la mano de las conciencias
habla con palabras
armadas sin letras
para masas de esqueletos
armados sin almas.
Se derrumba el mundo
por las grietas del desconocimiento.
Aquí, la comida arde,
se hace pasado
y sigue huyendo.
A mi lado,
en el Polo Norte,
el cuerpo ingrávido de Lucía,
siempre en silencio,
calla en la monotonía
del ejercicio inalterable
que lleva al envejecimiento.
Hoy es el aniversario
del día que la dejé de amar.
Lo celebro callando,
cobardemente sentado
en el miedo a la soledad.
Huye la comida,
permanece el plato.
Arden.
Huye el amor,
permanece el cobarde.
Parece querer huir,
parece querer ser yo.
Yo, que solo soy intento.
La voz del televisor,
la mano de las conciencias
habla con palabras
armadas sin letras
para masas de esqueletos
armados sin almas.
Se derrumba el mundo
por las grietas del desconocimiento.
Aquí, la comida arde,
se hace pasado
y sigue huyendo.
A mi lado,
en el Polo Norte,
el cuerpo ingrávido de Lucía,
siempre en silencio,
calla en la monotonía
del ejercicio inalterable
que lleva al envejecimiento.
Hoy es el aniversario
del día que la dejé de amar.
Lo celebro callando,
cobardemente sentado
en el miedo a la soledad.
Huye la comida,
permanece el plato.
Arden.
Huye el amor,
permanece el cobarde.