Arturo Ciorán
Poeta recién llegado
Furtivo, te miro.
Amás sin haber amado,
sufrís sin haber sufrido.
Lo intangible es tu serotonina;
la materialización de ello,
tu dopamina.
Luego me convierto en tu parangón.
La sangre no me inmuta.
Ante el peligro mis dedos no son trémulos.
Veo y oigo tus gustos, y mis mejillas
continúan áridas.
Pasaron los días y ahora
tu efigie es una anacoreta
en mi cabeza.
Tus estrofas favoritas me conmueven.
Tus fotogramas predilectos me encandilan.
De ahí retorno a mi interior.
Escruto los recovecos para descubrir
el origen de estos moldes.
En la batida encuentro la duda.
No sé si me enseñaste a amarte;
eso amerita el rubor de tu faz
y la escritura de romanzas.
O no sé si soy genuino;
tal vez sea un impostor.
Me proyecto ante vos
y creo prever terror de mi parte,
apocado frente a tu figura,
expuesta la mentira.
Pienso en ello
y hoy no temo;
estoy en estado de ataraxia.
Amás sin haber amado,
sufrís sin haber sufrido.
Lo intangible es tu serotonina;
la materialización de ello,
tu dopamina.
Luego me convierto en tu parangón.
La sangre no me inmuta.
Ante el peligro mis dedos no son trémulos.
Veo y oigo tus gustos, y mis mejillas
continúan áridas.
Pasaron los días y ahora
tu efigie es una anacoreta
en mi cabeza.
Tus estrofas favoritas me conmueven.
Tus fotogramas predilectos me encandilan.
De ahí retorno a mi interior.
Escruto los recovecos para descubrir
el origen de estos moldes.
En la batida encuentro la duda.
No sé si me enseñaste a amarte;
eso amerita el rubor de tu faz
y la escritura de romanzas.
O no sé si soy genuino;
tal vez sea un impostor.
Me proyecto ante vos
y creo prever terror de mi parte,
apocado frente a tu figura,
expuesta la mentira.
Pienso en ello
y hoy no temo;
estoy en estado de ataraxia.