Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Estaba lloviendo, se estaba terminando Diciembre,
con estertores de año muriente, desfalleciente,
con los hombros ya caídos de tantos meses cansados, trillados,
y amanecí en Enero,
descubrí otro día Lunes rojo como tu sangre,
mirando tus espejos repletos de gotitas diminutas, mensajeras de llanteras en silencio, recorrido de dolores apretados en la cara, firmes, subyacentes,
importantes,
verdaderamente importantes.
En fín, amanecí en Enero y miré tu cara de luces negras, velos suaves,
velos nuevos, velos llenos de días y tiempos, adelante de nosotros,
y te quise abrazar, y me miraste con tu tranquila mirada de siempre,
con tu voz sapiente, me llamaste a tus besos, a tus regresos, a la noche repleta de días camino a la hoguera,
camino a la horca,
camino al cadalso, con esa mirada tuya de sangre, pena y furia,
con esos ojos desprecio de esos que gritan abajo,
repletan los puestos bajos de la ejecución, te miran con odio,
tus ojos expulsan cada mirada que entregan,
cada instante que pueden, pero no pueden,
yo amanecí en Enero y seguí tus pasos, serenos,
con el aire digno de tus razones que sí pueden,
sí quieren,
si vuelven a casa,
porque amanecí en Enero, y tu muerte es ahora,
ahora en la ahorca de nuestra muerte,
Amen.
con estertores de año muriente, desfalleciente,
con los hombros ya caídos de tantos meses cansados, trillados,
y amanecí en Enero,
descubrí otro día Lunes rojo como tu sangre,
mirando tus espejos repletos de gotitas diminutas, mensajeras de llanteras en silencio, recorrido de dolores apretados en la cara, firmes, subyacentes,
importantes,
verdaderamente importantes.
En fín, amanecí en Enero y miré tu cara de luces negras, velos suaves,
velos nuevos, velos llenos de días y tiempos, adelante de nosotros,
y te quise abrazar, y me miraste con tu tranquila mirada de siempre,
con tu voz sapiente, me llamaste a tus besos, a tus regresos, a la noche repleta de días camino a la hoguera,
camino a la horca,
camino al cadalso, con esa mirada tuya de sangre, pena y furia,
con esos ojos desprecio de esos que gritan abajo,
repletan los puestos bajos de la ejecución, te miran con odio,
tus ojos expulsan cada mirada que entregan,
cada instante que pueden, pero no pueden,
yo amanecí en Enero y seguí tus pasos, serenos,
con el aire digno de tus razones que sí pueden,
sí quieren,
si vuelven a casa,
porque amanecí en Enero, y tu muerte es ahora,
ahora en la ahorca de nuestra muerte,
Amen.