Angel Siniestro
Poeta recién llegado
Entre las sombras del silencio
Evocas con suplicas mi nombre,
Buscas el placer que en él no encuentras;
Y en una exhalación, ¡Tan solo por una caricia!,
Tus miserables botos abandonas,
Y en el arrobo de la belleza
Que tu cuerpo rige,
Accedo carnal a tus peticiones salvajes.
Al mirar mis diamantíferos ojos
Tu aliento se torna en perfume,
Sabes que el acero de tus huesos
Se funde con mi sangre que igual
O mejor al fuego arde.
En el panteón de mi lujuria
Con la lluvia tórrida de mis besos
Derrito tu melindroso corazón,
Y por las aguas del hedonismo Naufragas
Asiendo mi mano que al pecado envía;
Luego, saturada por fastuosas heridas, vuelas extasiada.
Nutro las alimañas que conforman
Tu promiscuo corazón con violentas caricias;
Rostros del mausoleo, ocultos nos observan
Lacerando sus pieles en festejo,
¡Misterioso ritual que al amor desangra!,
Elevo tu libido, como las llamas a la bestia
Hasta palpar con los dedos la bóveda estrellada.
¡Ojo de plata!, ¡Eres testigo!
Bajo tu diáfano manto
Sabes las marcas que deja,
Sabes como desvalija mi ser
Después de envenenar su alma
Con mi enfermiza pasión,
Su saliva quema y deja una mortal herida,
Una herida mal curada
Que al ardor marca mi escamosa piel.
Difícil es entender porque,
Se ofrece a mí de rodillas
Para escapar luego de mis dedos como arena,
Sin importar que mi sangre recorra su cuerpo
Y la ronde hasta el oscurecer de los parpados
En mi mundo de matices oscuros,
De nuevo sólo me pudro
Cual cadáver indigente.
Absorto en la decadencia
Danzo solo sin parar,
Lúgubre solea que mis oídos escuchan,
Trémulo deseo de pasión perdida,
Sentimiento inocuo que quiere estallar,
Soy el amante silencioso que danza
Una y otra vez sobre la tediosa soledad
¿Hasta cuando los seres
Del averno danzaremos solos?
!Hasta Cuando!
Evocas con suplicas mi nombre,
Buscas el placer que en él no encuentras;
Y en una exhalación, ¡Tan solo por una caricia!,
Tus miserables botos abandonas,
Y en el arrobo de la belleza
Que tu cuerpo rige,
Accedo carnal a tus peticiones salvajes.
Al mirar mis diamantíferos ojos
Tu aliento se torna en perfume,
Sabes que el acero de tus huesos
Se funde con mi sangre que igual
O mejor al fuego arde.
En el panteón de mi lujuria
Con la lluvia tórrida de mis besos
Derrito tu melindroso corazón,
Y por las aguas del hedonismo Naufragas
Asiendo mi mano que al pecado envía;
Luego, saturada por fastuosas heridas, vuelas extasiada.
Nutro las alimañas que conforman
Tu promiscuo corazón con violentas caricias;
Rostros del mausoleo, ocultos nos observan
Lacerando sus pieles en festejo,
¡Misterioso ritual que al amor desangra!,
Elevo tu libido, como las llamas a la bestia
Hasta palpar con los dedos la bóveda estrellada.
¡Ojo de plata!, ¡Eres testigo!
Bajo tu diáfano manto
Sabes las marcas que deja,
Sabes como desvalija mi ser
Después de envenenar su alma
Con mi enfermiza pasión,
Su saliva quema y deja una mortal herida,
Una herida mal curada
Que al ardor marca mi escamosa piel.
Difícil es entender porque,
Se ofrece a mí de rodillas
Para escapar luego de mis dedos como arena,
Sin importar que mi sangre recorra su cuerpo
Y la ronde hasta el oscurecer de los parpados
En mi mundo de matices oscuros,
De nuevo sólo me pudro
Cual cadáver indigente.
Absorto en la decadencia
Danzo solo sin parar,
Lúgubre solea que mis oídos escuchan,
Trémulo deseo de pasión perdida,
Sentimiento inocuo que quiere estallar,
Soy el amante silencioso que danza
Una y otra vez sobre la tediosa soledad
¿Hasta cuando los seres
Del averno danzaremos solos?
!Hasta Cuando!
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