Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se puede amar desnudo,
sin que para ello se deba descubrir tu alma
celosa en el acto,
conspicua mordiendo frutos prohibidos.
Se puede conservar la espera,
sin que para ello se reniegue del deseo
el que te lleva a coger el jugoso néctar
que te venden placentera en una obscura esquina.
Se puede amar desnudo,
sin que para ello la ropa quede regada por el piso
amamantando la infidelidad de la piel,
escupiendo la indiferencia del recato.
Puedes acariciarte desnudo,
sin que para ello tus huellas se duerman en el camino,
camino de sensibilidad que ruge suave
entre los declives de tu piel.
Puedes soñar desnudo
sin que las sabanas obstaculicen tu mantra,
que va liándose junto al deseo,
de acariciar humedades,
de clandestinos desvelos,
que se van enredando entre miradas extraviadas
y soledad cansada.
Se puede estar,
sin que el corazón se convierta en esclavo,
de un aroma mundano,
de un carmesí afrodisíaco,
de un abandono clandestino,
que se desnuda ante la mirada
incomprensible de la sensatez.
sin que para ello se deba descubrir tu alma
celosa en el acto,
conspicua mordiendo frutos prohibidos.
Se puede conservar la espera,
sin que para ello se reniegue del deseo
el que te lleva a coger el jugoso néctar
que te venden placentera en una obscura esquina.
Se puede amar desnudo,
sin que para ello la ropa quede regada por el piso
amamantando la infidelidad de la piel,
escupiendo la indiferencia del recato.
Puedes acariciarte desnudo,
sin que para ello tus huellas se duerman en el camino,
camino de sensibilidad que ruge suave
entre los declives de tu piel.
Puedes soñar desnudo
sin que las sabanas obstaculicen tu mantra,
que va liándose junto al deseo,
de acariciar humedades,
de clandestinos desvelos,
que se van enredando entre miradas extraviadas
y soledad cansada.
Se puede estar,
sin que el corazón se convierta en esclavo,
de un aroma mundano,
de un carmesí afrodisíaco,
de un abandono clandestino,
que se desnuda ante la mirada
incomprensible de la sensatez.