El amor lo decides pocas veces
y si puedes incluso lo reniegas.
O de él te vales. Solo así lo entregas,
para que aumente su valor con creces.
Cuando a cambio de nada tú lo ofreces
y sIn medir el costo te la juegas,
hasta dejar vacías tus bodegas,
obtienes de verdad lo que mereces.
En un tiempo real tu propio encuentro.
Frenético, energético y romántico.
Un vórtice que tiene su epicentro
seducido por un extraño cántico.
Un eco cósmico sentido adentro
de dos estrellas en un salto cuántico.