pequeña anie
Poeta que considera el portal su segunda casa
Frente a frente
a puertas cerradas
con la luna oculta
y las estrellas apagadas,
con el susurro del Adonis
la ninfa suspira excitada.
Los labios se unen tempestuosos
y el fuego se extiende sin freno,
aferrados al desnudo sedicioso
encajados en sus cálidos reinos.
La levanta hasta el altar
donde siendo hembra es diosa,
él, perdido en la profundidad
su virilidad es gloriosa.
Arqueada en entrega plena
se abren las fronteras húmedas,
bebe el elixir que lo condena
a ser esclavo entre sedas.
Recorre cada curva con lascivia
como si fuese el primer recorrido,
dibuja un mapa en la memoria
para no dejar rincón sin latidos.
Penetrante carne de hombre fuego
hace nacer gemidos y ruegos,
los besos se apoderan del aliento
y ella grita con el acoplamiento.
Él, la toma sin reservas morales
ella, se entrega sin formalidades,
el tiempo se queda perplejo
ante el fuego entre ellos.
Ella cabalga, salvaje amazona
sobre el macho que la domina,
él, dejando las riendas terminan
con mutuo grito que revoluciona.
a puertas cerradas
con la luna oculta
y las estrellas apagadas,
con el susurro del Adonis
la ninfa suspira excitada.
Los labios se unen tempestuosos
y el fuego se extiende sin freno,
aferrados al desnudo sedicioso
encajados en sus cálidos reinos.
La levanta hasta el altar
donde siendo hembra es diosa,
él, perdido en la profundidad
su virilidad es gloriosa.
Arqueada en entrega plena
se abren las fronteras húmedas,
bebe el elixir que lo condena
a ser esclavo entre sedas.
Recorre cada curva con lascivia
como si fuese el primer recorrido,
dibuja un mapa en la memoria
para no dejar rincón sin latidos.
Penetrante carne de hombre fuego
hace nacer gemidos y ruegos,
los besos se apoderan del aliento
y ella grita con el acoplamiento.
Él, la toma sin reservas morales
ella, se entrega sin formalidades,
el tiempo se queda perplejo
ante el fuego entre ellos.
Ella cabalga, salvaje amazona
sobre el macho que la domina,
él, dejando las riendas terminan
con mutuo grito que revoluciona.