OLGA DEL VALLE GUERRA M
Poeta fiel al portal
¿Dónde estás amiga?
quizá en la penumbra ensordecida
que un día sentimos
por el inmenso padecer de nuestras almas
o en la verde pradera que un día dibujamos
olvidándonos...
y caminando sobre cristales rotos
por nuestra demencia.
Fuimos aterciopelando al viento
que charlaba con nosotras
junto al sueño de nuestra armonía
rebelamos la inmensa algarabía
de nuestros pensamientos
tropezando nuestras palabras
para luego diluirlas en el café.
Nos abrigamos con la locura
de amoríos pueriles
invocando con nuestras almas
de heterogéneas religiones
al único Dios...
la eternidad
de nuestras hojas amigas.
Navegando hacia el abismo
de perfidias ineluctables
que no miramos en el ayer
dormimos con las estrellas
inefables fantasías
que nos hacían felices-
Olvidaste acaso nuestros arreboles?
se marchitó la flor del crepusculo?
o la mirada poderosa del destino
hipnotizó las tardes de fábulas y leyendas?
Me dijeron que persigues la noche
con el juego de la luna,
que te esfumas con el desdeño
destrozando los árboles
que sembramos en el jardín
de nuestra amiga favorita.
Tal vez persigues la flor
de soles ardientes
que con sus ojos han descubierto
nuestra ira
o a la burbuja noctámbula
donde paseaban
nuestros juegos intranquilos.
Con que rostro miraremos
nuestros cuerpos en el espejo celeste
si ya hemos sentido de cerca el infierno
o como colocaremos un lazo de cristal
a nuestro vestido de papel?
Recobremos el aura perdida
flameando las hojas del otoño
que huelen a regresos moribundos
no respires
ese aire vagabundo
de seres extraños
porque acaba
con el terciopelo de tu piel.
Te buscare....
aunque estés en un polo desierto
con tu alma escondida
y los pensamientos cubiertos de nieve
para que tu estoicas flores
no se marchen con las olas del mar
en una noche llena de abismos.
Te encontraré
y acabaré con el letargo
donde permaneció silente
la ingenuidad.
Olga Del Valle.
Duquesa de Wellington
quizá en la penumbra ensordecida
que un día sentimos
por el inmenso padecer de nuestras almas
o en la verde pradera que un día dibujamos
olvidándonos...
y caminando sobre cristales rotos
por nuestra demencia.
Fuimos aterciopelando al viento
que charlaba con nosotras
junto al sueño de nuestra armonía
rebelamos la inmensa algarabía
de nuestros pensamientos
tropezando nuestras palabras
para luego diluirlas en el café.
Nos abrigamos con la locura
de amoríos pueriles
invocando con nuestras almas
de heterogéneas religiones
al único Dios...
la eternidad
de nuestras hojas amigas.
Navegando hacia el abismo
de perfidias ineluctables
que no miramos en el ayer
dormimos con las estrellas
inefables fantasías
que nos hacían felices-
Olvidaste acaso nuestros arreboles?
se marchitó la flor del crepusculo?
o la mirada poderosa del destino
hipnotizó las tardes de fábulas y leyendas?
Me dijeron que persigues la noche
con el juego de la luna,
que te esfumas con el desdeño
destrozando los árboles
que sembramos en el jardín
de nuestra amiga favorita.
Tal vez persigues la flor
de soles ardientes
que con sus ojos han descubierto
nuestra ira
o a la burbuja noctámbula
donde paseaban
nuestros juegos intranquilos.
Con que rostro miraremos
nuestros cuerpos en el espejo celeste
si ya hemos sentido de cerca el infierno
o como colocaremos un lazo de cristal
a nuestro vestido de papel?
Recobremos el aura perdida
flameando las hojas del otoño
que huelen a regresos moribundos
no respires
ese aire vagabundo
de seres extraños
porque acaba
con el terciopelo de tu piel.
Te buscare....
aunque estés en un polo desierto
con tu alma escondida
y los pensamientos cubiertos de nieve
para que tu estoicas flores
no se marchen con las olas del mar
en una noche llena de abismos.
Te encontraré
y acabaré con el letargo
donde permaneció silente
la ingenuidad.
Olga Del Valle.
Duquesa de Wellington