luis tejada
Exp..
AMNISTIA
El presidente ordenó la salida de los presos,
las grises figuras formaron largas filas,
se proyectaron en el horizonte inalcanzable,
más allá de los muros de verguenza,
esperaron a que los guardias callaran sus voces aceradas,
el bongo irredimible se tragó los cocineros de mugrientas manos.
La noche pintó las paredes de sueños inconclusos
inmersos en los barrotes de las celdas,
las paredes sucias de odio aprisionan los recuerdos
y sueltan las tristezas.
En la negra noche iluminada
por hilos de plata cubriendo el frío patio,
con los pies desnudos,
pisando vidrios lacerantes,
marchan taciturnos,
esperando se cierren las puertas
para retener sólo el recuerdo
de los pasos perdidos.
El presidente ordenó la salida de los presos,
las grises figuras formaron largas filas,
se proyectaron en el horizonte inalcanzable,
más allá de los muros de verguenza,
esperaron a que los guardias callaran sus voces aceradas,
el bongo irredimible se tragó los cocineros de mugrientas manos.
La noche pintó las paredes de sueños inconclusos
inmersos en los barrotes de las celdas,
las paredes sucias de odio aprisionan los recuerdos
y sueltan las tristezas.
En la negra noche iluminada
por hilos de plata cubriendo el frío patio,
con los pies desnudos,
pisando vidrios lacerantes,
marchan taciturnos,
esperando se cierren las puertas
para retener sólo el recuerdo
de los pasos perdidos.
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