José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Allá en la cresta de la ola
donde nacen los pensamientos,
en su espuma se amasan los amores,
son como flechas, halcones, el capullo
de un gusano de seda.
Se siente celoso el jardín,
y las nubes huyendo de ti se transforman en lluvia;
las laderas lloran, con su capa blanca
estremecida de tanta pureza.
Aires generosos dan los bosques,
reverencias aladas, susurros en las
noches alimentándose de tu seda,
se duermen y amanecen húmedos
de tu escarcha y brea.
Los cirujanos temblorosos, preocupados
por no cortar ese hilo umbilical, relajados
de amor, van con su bisturí radiante
para que florezca tanta belleza.
Se apagan las llamas del infierno,
las maldades se ocultan sibilinamente,
los marginados resucitan aplaudiendo
ese halo mágico, y los mendigos recogen
los sudores de nuestros cimientos.
No depende de estirpes ni linajes,
son solemnes antorchas,
profundidades perfumadas,
algo arrebatadoramente brillante.
Así mueren muchas letras
ahogadas en la cresta de la ola
y al cabo de años en papel amarillento
aparecen para dañarnos la vista de belleza.