José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Oh mujer mía!, oasis de mi sed, en tus curvas y contornos,
encuentro mi camino,
en tu piel suave y ardiente, me pierdo sin destino.
Riachuelo mío vas surcando mi tierra, envolviendo mi vacío,
perenne pasión, suave escollo, en tu dulce transcurrir muero.
Mis sueños te buscan en la morada del infinito
mi ansia no tiene fin, es un molino vivo.
En tus labios encuentro la miel,
y me oculto en los oscuros cauces de tu mirada profunda,
y mi sed eterna persiste, como una llamarada en el verdor de tus ojos.
En la fatiga del día a día, en la lucha constante,
tu cuerpo es mi refugio, mi lugar preferido.
Persistiré en tu gracia, en tu amor sin límite
porque en ti encuentro mi paz, mi razón,
mi lucha por lo magnánimo de la vida;
lo que me encumbra al paraíso.
Cuerpo de mujer, eres mi destino,
en tus brazos me pierdo, en tu amor me redimo.
En cada beso y caricia, en ti encuentro el jardín de mi dicha,
la eterna delicia.
Es tu cuerpo, mujer, la pasión desmedida,
le susurras bellas palabras al altar de mis oídos
caracolas de alma enamorada.
En ti encuentro paz y calma
en esta jornada de resplandores,
de cometas, en mi cielo de colores.
Mi sed por ti es eterna, sin límite ni medida,
en tus anocheceres encuentro la pasión encendida.
Mi camino indeciso se despeja en tu caricia,
en tus ojos encuentro la verdad revelada
la pasión no escrita.
En los oscuros cauces de la noche
donde la sed persiste y la fatiga gobierna,
surgiré sin cesar en busca de tu amor,
en tu cuerpo de mujer, mi estela en el espacio de mi fervor.
Seré eternidad en tu gracia, en tu esencia divina,
en ti se consumen los albores de mi vida,
en tu cuerpo de mujer, mi eterna fortuna.
Mujer, eres mi sueño, mi pasión,
a veces muro, réquiem advenedizo, dicha de mis dichas.
En ti descansan mis ilusiones, eres árbol y vida, barco y mar
corriente que me lleva a la deriva.
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