José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te veo venir con tu dulce acento
y un azul indómito moviéndote el alma
jazmines alados latiendo en calma,
tus sentimientos frescos, como un arcano.
Galopes de miel desenterrados de un amor temprano,
cortinas que la brisa desenfadada ensalma,
tu esencia en mi ser se expande y embalsama,
un lazo eterno tejido bajo la luz de la luna
dormida en su mar de plata.
En este instante de encuentros prohibidos,
nuestras almas se abrazan
como las raíces al suelo
infinito amor, cubriéndome de algas
en sueños de porcelana
compartidos con los luceros
que callan.
Te veo llegar con un mar de caricias,
cuando me sumerjo en ti resplandeces como flor,
fragancia de petunia es tu aliento,
sueños sinceros acariciando el horizonte
como el sol que ilumina las magias de tus orillas.
En tus manos tienes la candidez
del trinar del pájaro
llegas a mi archipiélago borrascoso
donde se duermen mis sentimientos
cual tesoro precioso,
como la aurora para el canto de las gaviotas
y el danzar de los peces.
Esparces pasión y ternura en tu andar,
un cálido abrazo, un dulce susurro,
como brisa suave que acaricia el muro de mi alma,
haciéndola vibrar,
enviándola a parajes de paz y sosiego
iluminación y dicha donde nacen mis versos.
Oh, dulce amor lleno de luz,
en ti encuentro el refugio anhelado,
brotan ráfagas de primavera de tus ojos,
cestos de cariños perlados me prodigan,
gardenias de seda exhalan tu esencia,
¡dichoso yo al recogerlos, mi alma se mitiga!.