José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Eres espiral de sentimientos vagos,
un elixir de otros tiempos, la felicidad de un árbol,
de un manantial, de un beso,
de un desasosiego eterno.
Soy un amor enraizado en tu cabello,
un amor secreto que me lleva
a parajes de ensueño;
una fantasía, un resquemor en tu cuerpo,
un arder hirviendo,
un terremoto que te inunda en una isla
silenciosa sin retorno.
Quiero ser tu alegría, la tómbola resucitada
en la desnudez de tu alma;
soy tu aura rota, una fragancia de tu jardín,
un te quiero con la resurrección de la rosa,
una nota de piano en tu vientre,
un suspiro en tu montaña aterida,
un río de lava que te penetra las entrañas.
Caprichosos antojos de erotismo,
rompiendo el silencio entre jadeos,
deambulando versos desnudos, reflejo de la luna,
amores guardados en tu maleta;
un amor que florece en la oscuridad
de un jardín remoto, en el pasado del tiempo.
Un capricho flameando en tu mente, ser tu página
del libro de tus sueños lascivos, un estruendoso gorjeo
que agota las horas del calendario del cariño,
un amor floreciendo misterioso, expandiéndose
con los granos de arena, en las dunas del desierto.
Rayos esmeralda sumergidos en un amor errante,
un enigma que se desliza entre sombras, un eco
de tu vientre adormecido, un derroche de emoción,
amarte, endiosarte, ser un gozo triunfante, tejiendo la tela
de una vida soñada, en el paraíso de los inmortales.
En el ocaso, cuando el lecho despierta,
ser tu feria, regenerar lo divino en un papel
de atracción, donde la espiral de la divinidad
seamos tu y yo en el camino de la santidad.