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Amor 81 : Mordía mi almohada

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Mordía mi almohada, esperando tu llegada
eran horas interminables, mirando al espejo,
a mis gestos, bajo esa sensación sombría
de las tardes lánguidas, vacías del gris otoño.

Mi lecho era un pájaro sediento, de ti,
de tu aliento, de tu mirar sereno, como acontece
el anochecer suavemente, imperceptible a los
ojos centelleantes con los que aguardo el momento.

Bajo este cielo mordaz donde habito,
esta oscuridad aciaga llena de júbilo,
inmóvil, devorando el tiempo, esperando
el devenir de lo efímero del placer, tendido
espero el vuelo de la gaviota sobre mi montaña muerta.

Las aguas mansas de tu aura bendita se agitan,
como el mar con los vientos huracanados, melodía ardiente
llenando esta oscuridad aciaga, estos minutos infinitos
este querer oír el timbre pero no llega esa violeta
para impregnar mi primavera de verdor y escarcha.

Quiero beberme tus labios ser el príncipe de tu cuento,
perderme en el rocío de tu cuerpo, ser la lámpara
iluminando esta ansia de piel de seda, cielo rebosante,
trigales que florecen bajo las sábanas, alimentarte
con mis suspiros.
 


Mordía mi almohada, esperando tu llegada
eran horas interminables, mirando al espejo,
a mis gestos, bajo esa sensación sombría
de las tardes lánguidas, vacías del gris otoño.

Mi lecho era un pájaro sediento, de ti,
de tu aliento, de tu mirar sereno, como acontece
el anochecer suavemente, imperceptible a los
ojos centelleantes con los que aguardo el momento.

Bajo este cielo mordaz donde habito,
esta oscuridad aciaga llena de júbilo,
inmóvil, devorando el tiempo, esperando
el devenir de lo efímero del placer, tendido
espero el vuelo de la gaviota sobre mi montaña muerta.

Las aguas mansas de tu aura bendita se agitan,
como el mar con los vientos huracanados, melodía ardiente
llenando esta oscuridad aciaga, estos minutos infinitos
este querer oír el timbre pero no llega esa violeta
para impregnar mi primavera de verdor y escarcha.

Quiero beberme tus labios ser el príncipe de tu cuento,
perderme en el rocío de tu cuerpo, ser la lámpara
iluminando esta ansia de piel de seda, cielo rebosante,
trigales que florecen bajo las sábanas, alimentarte
con mis suspiros.
Pues que así sea.
Dulces versos de amor.

Un abrazo fuerte.
 
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